domingo, 7 de julio de 2013

Manera



 Santo Tomás tenía una manera de convencerse. Él decía: "Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado, no creo" San Juan 20,25.
Él no estaba definitivamente cerrado a la fe, sino que le estaba poniendo condiciones a Dios. Como diciéndole a Dios: "Si tú quieres que yo crea, tienes que venir por este camino".
Se le aparece el Señor Jesucristo a él y a todos, y le dice: "Trae tu dedo; aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado" San Juan 20,28. ¿Qué nos dice el Evangelista? Tomás respondió: "Señor mío y Dios mío" San Juan 20,27.
Tomás no metió el dedo en el agujero de los clavos, no metió la mano en la herida del costado de Jesús.
Jesús se le aparece y le interpela por el método, por la condición, por el camino que él había escogido. Tomás le había dicho a Dios: "Si tú quieres que yo crea, el camino es éste. Tienes que llegarme por este lado". Y Dios le llegó por otro lado.
Dios le llegó por un camino distinto. Le dice: "Aquí está mi mano. Aquí está mi costado" San Juan 20,27. Como quien dice: "¿Seguimos tu método, Tomás, o seguimos el mío? ¿Seguimos tu manera, o seguimos la mía? ¿Seguimos tus condiciones, o seguimos las mías?" Y Tomás se rindió: "Señor mío y Dios mío" San Juan 20,28.
Esta explicación, mis amigos, no es un invento de mi cabeza. Tomás llevaba ya tiempo con Jesús, pero Tomás no era discípulo de Jesús. "-¿Cómo va a ser?" "-Pues sí; no era discípulo de Jesús". Una vez, Jesús dijo que se iba a ir, y Tomás le dijo: "Bueno, y si no vamos, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a llegar? ¿Cuál es el

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