jueves, 25 de julio de 2013

Mirar

 «Cuando durante bastantes horas al día se tienen delante veinticinco rostros de muchachos desde los quince a los dieciocho años, que se vengan despiadadamente de uno mismo si se es aburrido en las clases, pero que nos miran fijamente con sus ojos de claridad – a veces de ternura – cuando en el silencio profundo de una hora matinal un reflejo de la belleza y de la verdad les ilumina, es imposible no plantearse y volver a plantearse sin pausa las cuestiones eternas que constituyen toda la vida del ser humano; es imposible no responder, la juventud es impaciente. Los libros, no bastan.  La respuesta debe darse inmediatamente, y debe ser verdadera, es decir, total, porque nadie puede engañar a la juventud. Es necesario entonces cerrar los libros, sin olvidarlos, es necesario mirar a la cara de los jóvenes, es necesario sobre todo interrogarles sobre sí mismos y responder a las cuestiones esparcidas en base a esa presentación es como nosotros la tomamos. “La fe si no es libre, no es fe”. “La fe no se contradice con la razón. La fe tiene que ser sensata para dialogar con el mundo”. Este esfuerzo por la unidad será algo visible para el mundo, un mensaje claro de que las relaciones entre los países son posibles cuando se busca el bien común.

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