Sólo Dios sabe lo que está sufriendo cada persona, nosotros no somos nadie para juzgar, nosotros no somos nadie para condenar, a nosotros nos corresponde: orar, amar, interceder y presentar, ¿presentar qué? Pues el evangelio nos lo dice: "Se presentó Jesús" San Juan 20,26, presentar a Jesús, eso es lo que nos toca a nosotros.
No sabemos, muchas veces, lo lastimada que puede estar el alma de una persona, el dolor que ha acumulado, el resentimiento social, de clase, político, nacional, que sé yo. Sólo Dios sabe qué duele y cuánto duele en cada vida; pero nosotros sí podemos presentar a Jesús.
Hay algo muy bello: "Se presentó Jesús y le dijo: "Ven acá, mira mis manos" San Juan 20,27; no es simplemente presentar a Jesús, si vamos a ser más precisos, es: presentar las Llagas de Jesús, el amor de Jesús te llega hasta las Llagas, esas Llagas que parecerían el signo de la peor derrota, pero que son el grito del amor más grande.
En un programa de televisión, creo que lo vi en Discovery Channel, hablaban de los héroes, los héroes que tiene el mundo hoy; y presentaban el caso de un hombre que, se había incendiado un edificio, habían logrado evacuarlo, pero una niña que estaba en un tercero o cuarto piso, no lograba salir, no lograba entender, iba a morir quemada viva.
No había por dónde entrar, no había que hacer, sino un corredor de quince o veinte metros en llamas, para tratar de llegar a una escalera, para tratar de subir adonde estaba la niña.
Y el programa muy bello, mostraba cómo este hombre, un vecino, sin pensarlo dos veces, sin ni siquiera tener toda la protección que a veces tienen los bomberos, pensó para si: "Yo no puedo dejar que se queme esa niña", y sin más razonamientos, se metió por en medio del fuego a buscar a la niña.
La envolvió en unas mantas y salió con ella y la niña prácticamente no sufrió ningún daño; pero este hombre que atravesó quince o veinte metros de llamas, no sólo se chamuscó el cabello, recibió graves quemaduras de segundo y tercer grado en los lados de su cara, en su cuello.
Cuando filmaron la entrevista correspondiente, este hombre tenía todavía algunas cicatrices, a pesar de una cirugía plástica, tenía todavía algunas cicatrices de su acto heroico, las terribles ampollas, por la quemadura de tercer grado, le habían dejado señales, no escandalosas, pero visibles.
No es hermoso ver una quemadura, no es hermoso ver una ampolla, no es hermoso ver una cicatriz; pero cuando esa niña miraba las cicatrices del hombre que arriesgó su vida por salvarla, ¿qué creen ustedes que ella sentía? Así nos pasa a nosotros los cristianos.
Las Llagas de Cristo no le salieron porque sí, no estaba jugando, no estaba enfermo, son heridas de guerra, se metió por en medio del fuego. Dice Santa Catalina de Siena: "Armado en su desnudez, la de la cruz, entró en la batalla".
Por eso está herido, por eso tiene cicatrices, esas fueron las cicatrices que Cristo le mostró a Tomás, y esas cicatrices lo que están diciendo es, como en el ejemplo de la niña quemada: "Así te amé".
Dice la Biblia: "Mira mis manos, palpa mi costado" Juan 20,27, "así te amé, esto me pasó por ti", no es echar en cara, es la manera que Cristo tiene para declarar que nos ama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario