jueves, 18 de julio de 2013

Unica


La vida de Jesús es una vida que tiene una profunda unidad, una única dirección; es como una flecha dirigida a la gloria de Dios y a la salvación nuestra. Es un designio que empata maravillosamente con todo aquello que había sido prometido en el Antiguo Testamento.
 Padres de la Iglesia dijeron que el sacrificio de Cristo ni siquiera empezaba cuando Él empezó a existir. El sacrificio de Cristo empieza antes, el sacrificio de Cristo ya estaba anunciado en estos corderitos que se sacrificaban.
El sacrificio redentor de Cristo ya estaba figurado en ese Isaac, que llevó la leña de su propio sacrificio; el sacrificio de Cristo,  "ya estaba anunciado en ese Abel, que muere inocente; el sacrificio de Cristo ya estaba anunciado cuando Dios le dice a la mujer que, "su descendencia, la de la mujer, vencerá sobre la descendencia de la serpiente" Génesis 3,15.
 El centurión romano,  no sabía nada de estas cosas, aquel centurión que estaba al pie de la Cruz, algo alcanzó a ver, porque llegó a decir: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" San Marcos 15,39.
Si  acompañamos más la Cruz de Cristo, se entiende un poco más qué era lo que Él quería y sobre todo uno recibe un poco más de luz, un poco más de amor y un mucho más de gracia. Si  mira qué género de vida llevaba Cristo, uno entiende que Cristo murió como murió, porque vivió como vivió.
La vida de Cristo cuando llegó a la muerte; su muerte cruel y misericordiosa a la vez, espantosa y bellísima a la vez, es el desenlace de su vida.
Cuando se va recorriendo la vida de Cristo, se va viendo que hay tanto qué comprender y tanto qué amar y tanto qué agradecer en esa Cruz.
 Así,  va encontrando en la Palabra de Dios y  meditando, actos de contemplación, actos de amor, que le permiten conocer, saborear, apreciar, agradecer y proclamar mejor la salvación que nos ha sido dada en la Cruz bendita, en el sacrificio redentor de Nuestro Señor Jesucristo.

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