“El día del Señor”. Recientemente, el Papa Juan Pablo II ha escrito un documento para recordarnos a todos lo que significa vivir el domingo, porque no es el rato del Señor, es el día del Señor.
El día del Señor celebramos la Eucaristía, y este es el momento más important, pero todo el domingo es para el Señor, de un modo especialísimo, pues en realidad toda nuestra vida es para Él. Para esto murió Cristo y resucitó.
Él dio su vida por nosotros, somos adquiridos por Él, le pertenecemos a precio de Sangre, como dice el A"¡qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!". Sobre el papel de los abuelos ha afirmado: "qué importantes son en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo intergeneracional, sobre todo dentro de la familia".póstol San Pablo en la Carta a los Colosenses: “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con Él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos” Carta a los Colosenses 2,12-13.
Un cristiano es alguien que ha creído en la fuerza de Dios, fuerza capaz de levantar un muerto del sepulcro; un cristiano pertenece a Dios, toda nuestra vida es de Él, pero especialmente en este día que es el domingo.
Vamos a la iglesia para escuchar la Palabra, oramos, nos alimentamos con la enseñanza y nos alimentamos con los sacramentos; cada domingo tienen sus propias vitaminas, tiene su propio alimento. Nosotros hemos de venir a la iglesia con hambre, con anhelo, con deseo de escuchar la Palabra, de aprovecharla, de saciarnos en ella, de saborearla.
En la palabra Abraham ora, esta suplicando por dos pequeños pueblos tristemente célebres por sus pecados, Sodoma y Gomorra, pueblos en los que la lujuria, especialmente el homosexualismo, la vanidad, la impiedad se habían adueñado de la mayor parte de la gente.
Abraham no pertenecía a estos pueblos, él no había nacido ahí; Abraham no había salido de ahí, ni esos pueblos eran parientes suyos, y era tan grave la situación de estos pueblos, de estas dos poblaciones que Dios se había resuelto a acabar con ellos, porque hay vidas que son peores que la misma muerte, y hay veces que la muerte es una medicina.
Abraham empieza a interceder, hemos escuchado las súplicas que hace: "¿Y si hubiera cincuenta justos? Tú" no vas a matar al inocente con el culpable" "¿Y si hubiera cuarenta y cinco o cuarenta? ¿Y si hubiera treinta, veinte o diez?" Génesis 18,24-32.
Dios le dijo: "Si hubiera diez justos no destruiría a la ciudad" Géneis 18,33, pero no alcanzó a ver a las diez personas.
Los únicos que tenían alguna noción y algún amor a Dios eran Lot, el sobrino de Abraham, y su familia, menos de diez personas; pero Dios no destruyó al inocente con el culpable, envió a unos Ángeles para sacar a Lot de aquella ciudad, ciudad adúltera y fornicada, ciudad orgullosa y vanidosa.
Sacó de ahí a Lot y fuego y azufre cayó sobre esos poblados, porque hay veces que la muerte es más leve que una vida de iniquidad y Dios, que es infinito en su piedad, hay veces que tiene que poner fin a una historia para que no sea todavía peor.
Abraham intercede, no eran ni siquiera familia suya, Abraham piensa en la gloria de Dios, y piensa en los inocentes, ora a veces con temor, con timidez, con pena y le dice que, "no se ofenda mi Señor" Génesis 18,30|Génesis 18,30.
En el Antiguo Testamento, abiertamente lo dice San Pablo: “Os digo que esos tales no heredarán el Reino de Dios” 1 Corintios 6,9.
. La amistad, la oración, la cercanía, la ayuda deben estar cerca de todos.
Cuando nosotros aceptamos y acogemos a Dios en nuestra vida, Él es el Señor nuestro, y entonces todas nuestras pasiones, todos nuestros anhelos y todos nuestros problemas adquieren su justo tamaño y ahí no crecen.
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