Joaquín y Ana traen a la historia el regalo grande de santidad, de belleza y de pureza, que es la Santísima Virgen María.
Hay muchas cosas que nosotros no conocemos del Paraíso. No sabemos qué significa la inmortalidad, no sabemos qué significa la impasibilidad, o algunos otros bienes que podían tener aquellos al comienzo.
Cada existencia humana tiene en sí, un eco de la alegría que sintió Dios cuando dijo: "Todo está bien" Génesis 1,31.
Santo Tomás de Aquino, con su característica profundidad, nos invita a reflexionar en esto. La primera alegría, que desde el punto de vista bíblico, es una alegría del Paraíso, y desde el punto de vista metafísico, es una alegría del ser, es una alegría que todos cargamos dentro. Quien se deje guiar por un pensamiento recto, quien medite en esto, descubrirá en sí, el gozo de existir.
Ser es una victoria sobre la nada, ser es un freno a la pretensión del demonio, ser es una participación del gozo que Dios tiene, cuando vio todo lo que había hecho, y "todo estaba bien" Génesis 1,31.
Llevamos esa alegría. Hay Santos que han percibido especialmente ese gozo, el gozo de existir, que es un hilo que nos conecta con el proyecto primero de Dios. A la que más recordaría, es Santa Clara de Asís, cuando ella rompe a cantar, y le dice a Dios: "Gracias por crearme".
Es algo tan hermoso volverse a Dios, descubrirlo Padre amoroso, poderoso, santo, y al mismo tiempo, descubrir que el primer acto de la compasión divina es hacernos. "¡Gracias por crearme!"
Nosotros encontramos en Joaquín y Ana ese gozo, el gozo de participar en la obra creadora que sólo Dios tiene. A través de ellos, se hizo posible esa explosión de alegría, ese comienzo maravilloso de la vida de la Virgen María.
Santo Tomás nos explica lo siguiente: la vida se transmite por medio de la sexualidad, y aunque la transmisión de la vida ha quedado garantizada, la forma como se transmite la vida es imperfecta, en la medida en que esa explosión de gozo, no sucede como en la pureza de una donación total.
Joaquín y Ana recibieron una bendición, que no sabemos si la han tenido otros; pero hasta donde conocemos, o ha definido la Iglesia, nadie más. Es que la sexualidad de ellos fue bendecida con un acto de donación, con un acto de regalo, con un acto de generosidad.
El problema del pecado es el contexto existencial en el que somos engendrados. Los actos con los que nuestros padres nos engendraron, son actos marcados por ese límite, por esa incapacidad de recibir o de abordar su propia sexualidad en actitud de completa donación. Dicho con otras palabras, la afirmación de la Inmaculada Concepción de la Virgen, es la afirmación de la santidad de la sexualidad de Joaquín y Ana.
La sexualidad humana necesita tener sus Patronos. Es una actividad, que en sus propios límites y en su propio contexto, es lícita, es bella y es querida por Dios.
Desde el primer momento, la existencia de la Virgen queda constituida en un contexto de absoluto regalo, de completa donación, sin pecado original. La Inmaculada Concepción de la Virgen reclama, que reconozcamos la bendición que recibió la sexualidad de San Joaquín y de Santa Ana.
Un día muy bello, para pedirle a Dios que nos ayude a redescubrir el arroyo cantarino de la existencia, poder sentir como Clara, desde luego, como María, como todos estos Santos, el gozo de ser; porque ese es un eco del Paraíso.
Es un día para proclamar, que Dios ha querido y quiere bendecir esa actividad, esa sexualidad en la especie humana, y que los Patronos, creo que no encontraremos mejores, son Joaquín y Ana.
Ellos, con su ejemplo de humildad, con su apertura total a Dios, con su esperanza puesta sólo en el Señor, con su completa gratuidad, con su práctica devota de la Ley, nos enseñen las virtudes de una vida abierta a Dios, una vida bendecida, especialmente, en tiempos, en que el mundo parece no comprender nada de este lenguaje, que es místico, que es bello, y que es necesario.
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