Cuando nosotros estamos siendo transformados por la oración, Dios está obrando a su tamaño.
La Iglesia siempre ha reconocido el valor que tiene la vida contemplativa, esa actitud del corazón abierto que se enamora de la Palabra.
En el pasaje de María y Marta y su hermana Lázaro, estos tres hermanos eran como una familia para Jesús, entonces María representa aquí esa actitud de la persona que tiene hambre de Dios, que quiere escuchar su palabra, que quiere dejarse formar por El, esta actitud recibe un elogio de parte de Cristo.
El evangelio nos muestra una familia que fue hospitalaria, una familia que fue acogedora para Jesús, una familia que supo recibir a Jesús, sólo los tres hermanos, Lázaro Martha y María.
Pero estos tres hermanos recibieron a Jesús como uno de su familia, abrieron su hogar a Jesús, también ellos abrieron su casa, dieron de su tiempo, sacaron de sus bienes, se pusieron al servicio de Jesús.
Jesús era un peregrino, le dieron posada. Esos tres personajes del libro del Génesis eran peregrinos y Abraham les dio posada.
Varias veces he escuchado que esas obras de misericordia poco se puede practicar el día de hoy, porque si uno le da posada al peregrino, el peregrino arrasa con todo; es muy difícil dar posada al peregrino el día de hoy, por lo menos materialmente es un poco difícil.
Pero se destaca el valor de esta obra de misericordia corporal y quiero se destaca también cómo la podemos practicar hoy, tanto en su dimensión corporal como en su dimensión espiritual, porque resulta que tampoco es que sea solamente corporal, material.
Nosotros no podemos quitar de las obras de misericordia, "dar posada al peregrino", simplemente que hoy toca hacerlo de otra manera, Apoyando a las comunidades religiosas, o también otras comunidades que hacen esa obra, a través de nuestra solidaridad lo estamos haciendo.
Porque la hospitalidad consiste en abrir la casa, en dar del propio tiempo, en sacar de los propios bienes y en ponerse uno al servicio, todo eso es hospitalidad.
Tienen una dimensión espiritual muy grande. Acoger a una persona es abrirle espacio en mi corazón, es hacer que me importe a esa persona, eso es la acogida, eso es la hospitalidad.
La grandeza que tiene la hospitalidad es que me ensancha el mundo. El mundo tiende a cerrarse.
El mundo de hoy necesita, aprender a abrir nuestra casa . Aprende a abrir tu casa, aprende a abrir tu corazón.
Cristo, es el Hombre del corazón inmenso, nosotros hablamos del Sagrado corazón de Jesús, pero también podríamos hablar del Bellísimo Corazón de Jesús, del Santo Corazón de Jesús, o del Inmenso Corazón de Jesús. Jesucristo aquel que tiene el corazón inmenso, el corazón sin fronteras, el corazón sin barreras, ese es Jesucristo.
Jesucristo es aquel que supo abrirle espacio a todos, a la prostituta, y al publicano, y al leproso, y al excluido; Jesucristo es el que no esconde la mirada cuando el leproso le dice: “Oiga, yo existo”; Jesucristo es el que no retrae los pies cuando la pecadora lo besa; Jesucristo es el que no se esconde cuando Zaqueo, el publicano, pecador quiere abrazarlo; Jesucristo es el que está ahí para recibir el abrazo del pecador y el beso de la prostituta.
Si no aprendemos a ser así, no hemos aprendido la lección de la hospitalidad. No se puede ser de Cristo sin empezar a pensar como Cristo; no se puede ser de Cristo sin empezar a sentir lo que sintió Cristo, y ese es un mundo que no conoce fronteras.
Demos gracias, por el santísimo, bellísimo, pero también inmenso corazón de Jesucristo, porque sólo un corazón así podía salvarnos. A Él la gloria y el honor por lo siglos.
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