Moisés iba conduciendo ovejas por el desierto. Dios le haría pastor, no de ovejas, sino de su propio pueblo, el pueblo rescatado de Egipto. Moisés tendrá el encargo de llevar así, por el desierto, al pueblo a esta montaña, el monte Horeb, también conocido como monte Sinaí.
Lleva ovejas por el desierto. Este recorrido por lugar inhóspito es una imagen, podríamos decir, es como un resumen de lo que sería la vocación de Moisés: conducir al pueblo por esos lugares, donde el alimento es escaso, y los peligros son abundantes.
Las ovejas de este rebaño van a resultar más dóciles que los israelitas. Estas ovejas son capaces de ser guiadas por Moisés. Los israelitas serán muchas veces rebeldes a la voz de Moisés.
Aunque, originalmente, tenía los derechos de hijo de una hija del faraón, aunque tenía tan altos derechos, su conciencia de su verdadero origen, lo había llevado, alguna vez, a ponerse de parte de los israelitas, porque vio un egipcio que estaba maltratando a un israelita.
Moisés era un hombre de una inmensa sensibilidad por la justicia.
Al otro día, o unos pocos días después, encuentra dos israelitas que están peleando, y entonces les dice Moisés: "Pero ustedes, ¿por qué pelean? Son de la misma raza" Exodo 2,13, y le dice uno de ellos: "Y es que nos vas a matar, así como acabaste con el egipcio?" Exodo 2,14.
Moisés dijo: "La cosa se sabe, esto está grave, van a acabar conmigo, el ambiente está tenso" Exodo 2,14, y por eso, Moisés sale de Egipto, sale como un prófugo de Egipto.
Moisés huye de Egipto, porque lo van a matar, y de esta manera, se convierte como el primero del pueblo de Israel en salir de Egipto al desierto. Moisés sale de Egipto, porque lo van a matar, y después Israel tendrá que salir de Egipto, porque los van a matar. El pueblo entero tendrá que salir de Egipto.
Moisés va hasta el monte Horeb, se encuentra una pequeña zarza que arde en el Horeb . Luego, Israel, guiado por Moisés, hará un largo recorrido hasta llegar a esa misma montaña, pero ya no será una sola zarza la que está ardiendo, sino el monte entero el que está en llamas, según nos describe la Carta a los Hebreos.
Había pavor, relámpagos, truenos, y la voz de Dios que espantó a los israelitas, y entonces dijeron: "Que no nos hable Dios, mejor háblanos tú, Moisés" Exodo 20,19.
De modo que este episodio de hoy es como la anticipación de todo el Éxodo: Un hombre que es prófugo, pero que al mismo tiempo es el primero entre los libres.
Un hombre, que porque tuvo que salir corriendo, no tiene sus ovejas. Moisés no tiene ovejas propias, no tiene sus ovejas. Las ovejas que tiene Moisés, son las ovejas de su suegro. El suegro de Moisés, de acuerdo con este pasaje.
O sea que aquí vemos a Moisés, acostumbrándose a cuidar ovejas que no son las suyas. Después le tocará hacer lo mismo: cuidar al pueblo de Israel, un pueblo que no es el suyo.
Es tan hermoso ver, cómo en este pasaje se resume lo que luego sería toda la vida de Moisés: Llevar las ovejas hasta el monte de Dios, llevar a los israelitas hasta el Señor. Esa será su vocación.
"Pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro Jetró; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb. Se le apareció en una llamarada entre las zarzas el Ángel del Señor" Exodo 3,1-2.
Esa zarza ha servido para comparaciones bellísimas; por ejemplo, se ha hablado que esa zarza es como la imagen de la Virgen María. Pero, en primer lugar, esa zarza es una imagen de la obra que Dios hace.
¿Cómo llenar de fuego sin destruir? Eso es lo que Dios hace en nuestras vidas. Dios trae su fuego, el fuego del Espíritu, que hace que nosotros seamos la misma zarza que éramos, pero ahora llena de luz. El fuego de Dios, el Espíritu de Dios, llega a la zarza que somos nosotros, y la zarza arde.
Pero el fuego que conocemos en esta tierra, arde, alimentándose del lugar donde se enciende.
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