jueves, 18 de julio de 2013

Común


Común entre los Padres de la Iglesia que los sacrificios y las ceremonias y las instituciones del Antiguo Testamento, son como figuras en las que se iba anunciando progresivamente esa gran realidad, esa maravillosa realidad que es Jesucristo. También es doctrina común, que la figura que más nos habla de Cristo en el Antiguo Testamento, es ese sacrificio de la Pascua.
Porque de hecho, lo que realizó Cristo en la Cruz fue al mismo tiempo la plenitud de ese sacrificio pascual, una plenitud, que, yendo más allá de los que significaba esa primitiva Pascua judía, anuncia una reconciliación y un perdón que antes estaban sólo en esperanza.
Pero comprender qué quiere decir esta Pascua de los judíos, no resulta sencillo. No es sencillo, pero sí es importante, porque yo pienso que no tendremos el suficiente, el profundo, el verdadero amor al sacrificio de Cristo, si no recorremos con Él el camino que llevó a ese sacrificio.
Si una persona va a entrar a Jerusalén en el momento en el que Cristo estaba allí pendiente de la Cruz, y con Él estos dos malhechores que nos dicen los Evangelistas, si alguien entra a Jerusalén en ese momento y ve a estos tres crucificados, difícilmente podría imaginarse que uno de ellos era el Redentor, que uno de ellos era el Salvador de los hombres, que uno de ellos era el Hijo de Dios, el Mesías anunciado y preparado por el Antiguo Testamento.
Con esto quiero decir, que si uno no ha acompañado el trayecto de Cristo hacia el sacrificio, se queda sin entender lo que está ahí pasando, esto es lamentable, porque precisamente ese sacrificio fue ofrecido por Cristo a gloria de Dios, en favor de nuestra salvación, en favor de nosotros.
Si se llega tarde a la Cruz, uno apenas ve al Crucificado, no entiende nada. Es necesario haberlo acompañado un poco antes. Eso es precisamente lo que quiere el santo ejercicio del Viacrucis, que nosotros acompañemos ese camino de Cristo.
Las estaciones con las que solemos orar en la Iglesia Católica empiezan con la declaración de la muerte de Cristo: "Jesús es condenado a muerte", ¿y ese es el momento en el que empieza el camino de Cristo hacia la Cruz? Pues no, porque ya Él había dicho antes, por lo menos tres veces le había dicho a sus discípulos, que el Hijo del hombre iba a ser entregado en manos de los hombres, y que lo iban a azotar y a rechazar.
Hay un pasaje importante, que está en los tres sinópticos, en el que se destaca cuando Cristo empieza su camino definitivo hacia Jerusalén. Por ejemplo, Lucas dice que "Jesús empezó resueltamente el camino hacia Jerusalén" San Lucas 9,51, y esa resolución era necesaria porque se trataba de un camino sin retorno.
Ahí no iba Cristo a celebrar una fiesta judía, sino a llevar a toda su plenitud, a su consumación misma al judaísmo, que quedaría enteramente renovado por la efusión del Espíritu, y ese Espíritu se iba a derramar en la faz de la tierra precisamente por el Corazón abierto del Señor.
De manera pues, que el sacrificio de Cristo tampoco empezó cuando fue condenado a muerte, empezó por lo menos antes, cuando Él se resolvió a caminar hacia Jerusalén; pero si lo miramos mejor, ¿sí será verdad que ahí empezó el sacrificio de Cristo?
Cuando Él se encuentra en la montaña, que usualmente identificamos con el Tabor, en esa montaña en la que se transfiguró, ahí les habló de la Cruz; estaba orando con ellos y les habló de la Cruz y del sacrificio.
Si miramos bien, la Cruz de Cristo empezó con la vida de Cristo; no fue cuando lo condenaron a muerte, ni cuando ya recibió el leño; desde antes ya estaba Cristo encaminándose hacia allá; de alguna manera, para eso vino a esta tierra. El sacrificio de la Cruz empieza cuando empieza la vida de Cristo. Toda su vida estuvo orientada hacia eso.

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