"Te estaba aguardando, Jesús, y por eso me siento feliz de que hayas venido, celebro que estés aquí, y me parece tan grande tu providencia y tu amor que puedo decir, como aquella señora y como tantas otras personas, "Dios mío, ¿qué seríamos sin ti? ¿En qué pasos andaríamos?""
"Te agradezco tu presencia en mi vida, celebro todo lo que has hecho por mí, te alabo por tus inmensos bienes y por ser quien eres, y te pido que multipliques estas bondades, conmigo que te necesito tanto.
Lo que destaca es la profesión de fe que hace esta mujer, Marta, Marta de Betania.
Esa afirmación que ella manifiesta, nosotros somos invitados a hacer la nuestra, a repetirla desde el corazón-, dice: "Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27.
La palabra "Mesías" es una palabra hebrea que significa "Ungido". O sea que Marta le estaba diciendo a Jesús, a este Profeta de Nazareth que tenía más aspecto de mendigo que de otra cosa: "Yo creo que a Ti te ha ungido Dios, que Tú eres el Ungido de Dios".
En el pueblo de Israel los ungidos eran los reyes, y decirle a alguien: "Tú eres el Ungido", es decir, el Mesías, significa: "A ti te ha puesto Dios para que seas cabeza de este pueblo, para que seas Rey, para que lo conduzcas a la victoria, para que lo purifiques, para que renueves la Alianza".
Es un título que tiene muchas y muy profundas connotaciones. "Tú eres el Mesías" casi es lo más grande que se le podía decir a una persona. Y Marta se lo está diciendo a este Hombre que repito, tenía el aspecto de un mendigo, un Hombre controvertido, del que también sabemos cómo terminará su existencia en esta tierra: torturado y luego clavado en una Cruz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario