Sangre, Espíritu, apostolado y martirio, tienen el mismo color. Hoy celebra la Iglesia, el ardoroso ejemplo de Santiago, el hermano de Juan, uno de los zebedeos.
Las autoridades judías dicen: "¿Queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre?" Hechos de los Apóstoles 5,28. Y efectivamente, la respuesta de los Apóstoles empieza diciendo: "Es que Dios resucitó a aquel a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero" Hechos de los Apóstoles 5,29. Hasta ahí, efectivamente, son responsables de la Sangre de Cristo.
Pero luego dice: "Para conceder a Israel el perdón de los pecados" Hechos de los Apóstoles 5,31. De manera que no se trataba de que fueran simplemente o solamente responsables de la Sangre del Señor, sino que fueran beneficiados, reunidos por la Sangre del Señor.
Esto que nos presenta la Palabra de Dios. Responsables, acusados por la Sangre; redimidos, salvados por la Sangre. La Sangre de Cristo es como una especie de juicio, para quien quiere aceptarla con fe, es Sangre de redención; para quien la rechaza, se convierte en Sangre de acusación.
San pablo nos dice, en el capítulo once de la Primera Corintios , antes de comulgar, había que discernir para que la Sangre de Cristo, que fue dada por Dios para salvación.
Los Apóstoles, ellos son las primicias de la redención por la Sangre de Cristo, son las primicias de la obra maravillosa del amor, que es la Sangre derramada en el mundo por obra del Espíritu y son, por eso, los primeros incendiados, los primeros que arden en el fuego del Espíritu, y por ellos el mundo ha conocido el fuego que había en el Corazón de Nuestro Salvador.
Somos llamados hoy por la Iglesia a comulgar en la misma Sangre de Cristo, a convertirnos también nosotros en testigos de ese amor grande, a dejar de ser solamente responsables de que el plan de Dios no se realice, para convertirnos en redimidos, y esto es, en testigos de la realización de ese mismo plan.
Comulgar con provecho, es darle la gloria a Dios y es convertirnos en pueblo de su redención; comulgar con indiferencia o con incredulidad, o simplemente no comulgar y separarnos del Banquete, es hacer inútil ese amor, es obstaculizar ese plan y es hacerse responsable de esa Sangre.
A la vista del amor intenso, ardoroso de Santiago Apóstol, a la vista de ese amor, cada uno discierna su corazón y participe con provecho del Banquete redentor.
Santiago el Mayor, primero entre los Apóstoles en dar su vida por Jesucristo, Patrono de España.
Santiago, este nombre en realidad es una abreviatura o composición de dos palabras, porque el nombre original es Jacob, jacobo, cuando se dice Saint Jacob.
Llevaba en su nombre la identificación de todo un pueblo, porque sabemos que el Dios de nuestros padres es el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Uno de los nombre más entrañablemente hebreos dentro de la Biblia, es precisamente el nombre del Apóstol que hoy recordamos: San Jacobo, Saint Jacob, Santiago.
Era un nombre que tenía cierta popularidad en aquella época, y por eso encontramos que en el grupo de los Apóstoles, el grupo de los Doce, había dos que tenían ese nombre, la tradición los distingue como Santiago el Mayor y Santiago el Menor, el que hoy recordamos es Santiago el Mayor, era hijo de Zebedeo, lo mismo que otro de los Apóstoles: Juan, y a estos dos, Juan y Santiago, Jesús les puso un apelativo: Boanerges, que quiere decir "hijos del trueno".
Se ve que por lo menos en el camino de formación evangélica a que Cristo los sometió, estos dos hermanos sobresalían entre los demás por una especie de ímpetu; cuando iban de camino hacia Jerusalén viniendo de Galilea, tenían entonces que pasar por Samaría, y en cierta aldea o pueblo no querían recibirlos cuando se enteraron de que iban para Jerusalén, por aquella disputa que había entre judíos y samaritanos. Jerusalén.
La reacción de Juan es instantánea, podemos decir que muerto de ira le dice a Cristo: "¿Quieres que llamemos, quieres que traigamos fuego del cielo que caiga sobre ellos? San Lucas 9,54. Este es el tipo de temperamento que tenían estos dos hermanos, fogosos también en sus pretensiones. Evidentemente, de ese tipo de personas que saben lo que quieren y que salen a buscarlo.
Resulta que no piden menos sino que uno se siente a la izquierda y otro a la derecha del Mesías cuando se consuma el Reino de Dios. Y es en aquella oportunidad en que Jesús tiene que decirles: "Ustedes no saben lo que están pidiendo, ustedes tiene que beber el cáliz que yo voy a beber" San Mateo 20,22.
Finalmente ese ímpetu, finalmente es fuego, pues no se perdió en simples esfuerzos o promesas, ese fuego llegó a la identificación plena con el Mesías, a la identificación total con el Maestro. Derramada su sangre, Santiago el Mayor es ahora modelo perfecto de vida cristiana.
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