viernes, 5 de julio de 2013

Comunión


“Necesitamos encontrar el "lenguaje" que mejor presente los medios tradicionales de santificación sacramentos, oración, obras de caridad de una manera atractiva y accesible a quien vive en la realidad de una sociedad globalizada, secular, urbana”.
La comunión es un signo de que estamos en el camino hacia la unidad y que en el corazón vamos hacia adelante. El Señor nos ayudará a avanzar también exteriormente. Esta alegría, nos da fuerza también en el mandato de la evangelización. Synodos significa «camino común», «estar en un camino común», así la palabra synodos  recuerda el famoso camino del Señor con los dos discípulos de Emaús, que son un poco una imagen del mundo agnóstico de hoy. Jesús, su esperanza, había muerto; el mundo, vacío; parecía que realmente Dios no estaba o no se interesaba por nosotros.
Con “nuestro rico tesoro de espiritualidad católica, elaborado desde la inculturación del Evangelio en 'toda nación bajo el cielo', y nuestra buena noticia del 'plan familiar' de Dios para la historia, estamos en posesión de recursos poderosos para nuestra evangelización de la cultura en el contexto de la creciente globalización y secularización en nuestras sociedades”
En un sentido parecido, se expresó el obispo de Piedras Negras Alonso Garza Treviño, México: “Ante los riesgos o las amenazas de la fe que profesan las personas que emigran, es importante que la Iglesia brinde el amaravillosa acogida fraterna dada por la Iglesia católica latina a estos fieles, abriendo el espacio de sus propias iglesias, proporcionando asistencia con sacerdotes del mismo rito, prestándoles ayuda social, que para muchos de estos fieles ha sido también la oportunidad para redescubrir la propia fe”. En algunos lugares, sin darse cuenta, en un comprensible intento de integración de los inmigrantes en el tejido social y eclesial del país de acogida, “esta integración eclesial de los fieles, puede ser problemática porque se puede crear un proceso de latinización muy dañino para los mismos fieles, como, por otra parte, atestiguan hechos históricos muy dolorosos, que registran incluso el paso de estos fieles a otras confesiones no católicas o al abandono de la propia fe”.
Apoyo necesario a través de una pastoral que incluya a ellos y a sus familias, y recordarles sus tareas primordiales como célula viva de la sociedad e Iglesia doméstica”. “Todos los miembros de la Iglesia debemos ver en el fenómeno migratorio un llamado a vivir el valor evangélico de la fraternidad”
"Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón. No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquél a quien hemos de dar cuenta". Heb 4,12-13    Palabra de Dios (4,12-13), que se encuentra al final de la primera parte de la carta a los Hebreos. En los cap. 1–10 de la carta a los Hebreos el autor pone de relieve la superioridad de Cristo sobre todo lo que ha sucedido antes a Israel. Para resaltar esta superioridad recurre a una confrontación entre las dos revelaciones divinas: una por medio de los profetas y la otra mediante un Hijo pre-existente por el cual Dios creó el mundo y que ahora nos ha hablado: "Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos" (1,2). En los cap. 1,4–4,13, en donde se encuentra colocado al final del mismo el pasaje de este domingo, el autor busca demostrar la superioridad de Jesús como Hijo de Dios. Así, en un primer momento, demostrará que Jesús es superior a los ángeles (1,4–2,18) y, en un segundo momento, que es también superior a Moisés (3,1–4,13). En 3,1-6 el autor ejemplifica la superioridad de Jesús con relación a Moisés por medio de la mayor gloria del constructor (Jesús, Hijo de Dios), sobre la construcción de la casa (a la cual sirvió Moisés), del hijo (Jesús, Hijo de Dios) sobre el siervo (Moisés) en una familia. La sección de 3,7–4,13 contiene diversas exhortaciones basadas en la Escritura y centradas en el éxodo de Israel. Los cristianos a los que se dirige el autor de la carta corren el riesgo de sentirse cansados y desanimados. Quienes entre los israelitas fueron desobedientes no lograron alcanzar el objetivo de entrar en el reposo de Dios en la Tierra Santa: la palabra que oyeron no aprovechó nada a aquellos israelitas que no estaban unidos por la fe a los que escucharon (4,2). Algo semejante puede suceder a los creyentes en Jesús que han recibido la buena nueva.
El autor de la carta cierra estas exhortaciones colocando un himno a la Palabra de Dios (4,12-13). En este pasaje tan célebre de todo el Nuevo Testamento la Palabra de Dios es descrita como más afilada que una espada de doble filo, que penetra hasta el punto de división del alma y del espíritu, capaz de discernir los sentimientos y los pensamientos del corazón.
Este himno se halla al final de la primera parte de la carta y nos hace volver con el pensamiento al comienzo de la misma. Dios habló antes por los profetas, ahora ha hablado por su Hijo. Nadie puede tener en poco su Palabra considerándola como mera palabra y no como obra. Cierto que Dios no se ha contentado sólo con hablar: calló en la muerte de su propio Hijo, pero este callar sangriento "habla más elocuentemente que la sangre de Abel" (12,24), así se nos remite de nuevo a la palabra. Sólo la fe sabe qué fuerza, qué vida reside en la Palabra de Dios, sabe que esta Palabra es el poder decisivo de este mundo. Aunque mil veces sea desoída, ignorada, no se le haga el menor caso y se cometan acciones que la dejen en mal lugar, alguna vez llega para cada cual la hora de la verdad.

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