domingo, 14 de julio de 2013

Institucionalización

Colombia se han reunido en un momento histórico de esperanzas y luces pero también de grandes interrogantes y desafíos. En un clima de oración hemos reflexionado sobre la presencia del Señor que guía la historia y que nos llama a construir un mundo cada vez más justo y humano.
Nos anima la fe en Jesucristo Resucitado que nos trae el mensaje de la reconciliación y la paz que sólo Él nos puede dar.En oración, reflexión y trabajo en comunión, subrayamos tres aspectos de la situación actual que nos mueven a ahondar y renovar nuestro compromiso con el país.La sociedad colombiana enfrenta una grave amenaza por la pérdida de concienciadel valor de lo
público.
Podría estar ante una institucionalización de la corrupción cuando se hace común una mentalidad que desvía los bienes del Estado y los hace bienes privados.
Desfalcos en sectores tan importantes como la salud y la educación, los conocidos “carruseles” en numerosas actividades incluso en el campo de las pensiones, el soborno en los negocios, los fallos en el sistema judicial y los preocupantes niveles de impunidad, unidos a las condiciones de pobreza en que viven
millones de los afectados por la desviación de fondos públicos y la falta de oportunidades de vastos sectores de la población, son manifestaciones del problema central de la corrupción que destruye la moral y la confianza del pueblo en sus instituciones y en el mismo Estado. Se impone una reacción enérgica y valerosa de todas las fuerzas vivas de la Nación para destruir el monstruo de la corrupción y lograr el afianzamiento de los valores que permiten la consolidación de una nación justa, solidaria y fraterna.
Pobladores de varias zonas del país, que han sufrido históricamente el impacto de la violencia y su consecuente crisis humanitaria, se han movilizado o están en medio de movilizaciones que reiteran reivindicaciones sociales que no han encontrado una respuesta adecuada por décadas y que en
varios casos no han alcanzado sino el nivel de promesas no cumplidas por parte de los diferentes gobernantes.
Una mirada a las regiones del país hace constatar la necesidad de asegurar que todas las comunidades logren los niveles de desarrollo que ha alcanzado el país, un mayor acceso a los mercados para los productos de las comunidades campesinas, la seguridad alimentaria, inversiones en vías, salud y educación y la necesidad de subsidios para que quienes se han dedicado a los cultivos de uso ilícito los erradiquen en forma definitiva.
Un diálogo permanente y serio entre el gobierno y los diferentes estamentos involucrados en esta problemática son la vía para que no se altere el orden público
y se puedan alcanzar las reivindicaciones en un clima de concertación y búsqueda del bien de todos.
En el país se da un debate muy saludable sobre la forma no sólo de dar término al conflicto armado sino sobre todo de construir la paz como un bien de toda la nación y como un compromiso de cada ciudadano.
Este debate se da en medio de complejas situaciones de violencia irracional, de numerosos asesinatos, atentados, desapariciones forzadas y violaciones de derechos humanos. Indudablemente el momento
está profundamente marcado con las negociaciones que se adelantan entre el gobierno nacional y la guerrilla en La Habana, sin embargo el desafío mayor se encuentra en la creación de
estructuras que den solución a las causas que generan violencias de todo orden.
Mantener y fortalecerlo que el país ha ganado en su democracia e instituciones es punto de partida que no impide ver las necesarias reformas que se deben adelantar muchas de las cuales hacen parte de la agenda
nacional desde hace ya varios años para afianzar el camino de la construcción de l
a paz.

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