jueves, 11 de julio de 2013

Envío

 Jesús envió más de una vez a sus Apóstoles, hasta cierto punto, este primer envío se puede mirar como una especie de aprendizaje, es también un entrenamiento.
Jesús les dice no tiene mucho de ficción, más bien lo que aparece es la cruda y dura realidad; si algo se puede criticar de Cristo no será que es un iluso o que esté vendiendo fantasía. Jesús lo que vive y lo que predica es la dura y cruda realidad.
Efectivamente, les dice que van como ovejas en medio de lobos, y les anuncia toda clase de adversidades, problemas, dificultades, contradicciones.
Jesús prefiere más bien plantear las cosas de un modo rudo pero de un modo que prepara para el camino. Al mismo tiempo les está recordando que la fortaleza de ellos no debe provenir del éxito exterior,  esta es una de las grandes lecciones para un evangelizador: si el evangelizador depende del éxito exterior y el éxito es retribución, sonrisa, agradecimiento, afecto, acogida, aplauso.
Muchas veces las personas que nos rechazan, en realidad quieren que nosotros cambiemos el mensaje. Esto le sucede continuamente a nuestra Iglesia Católica. Como la Iglesia tiene enseñanzas tan claras, la defensa de la vida y la defensa de la familia, hay mucha gente que se refiere a la enseñanza de la Iglesia como diciendo: "Con ese mensaje nunca vas a logar nada", y como diciendo: "La Iglesia tendrá que cambiar: tendrá que cambiar en la ordenación de mujeres, tendrá que cambiar en lo que dice sobre anticoncepción artificial, tendrá que cambiar sobre matrimonio gay", y si la Iglesia dependiera de la aprobación de la gente, y si la Iglesia dependiera de los aplausos del mundo, tendría que cambiar.
Pero la Iglesia, no depende de ese tipo de aprobación, no depende de esa clase de acogida y de aplauso; es decir, el discípulo que va preparado por Jesucristo, va preparado también en la independencia, no depende, el hecho de no depender del mundo y sí depender de Dios, da una soberana libertad para predicar el mensaje completo, con toda su fuerza, con toda su hermosura
Santa Catalina estaba enamorada de Jesucristo, era discípula de Jesucristo, y los grandes Santos han pedido su porción de la herencia, porque se han reconocido coherederos, claro que también tenemos una plenitud de esa herencia, padecemos con Cristo para ser glorificados con Cristo, padecemos con Cristo para recibir también el consuelo de Cristo.
Padecer como Cristo, sin Cristo, no se puede; podemos padecer como Cristo, con Cristo y en Cristo, así somos discípulos de Cristo, así recibimos de herencia no sólo el padecimiento de Jesús, sino la paz de Jesús, la mansedumbre de Jesús, la sabiduría de Jesús y la victoria de Jesús.

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