Ángeles que subían y bajaban, y Dios mismo al final de esa escalinata" Génesis 28,12-13-, le abrió a Jacob el misterio de su camino.
Dios le cambió el caminado; no le cambió el camino, le cambió el caminado a Jacob. Jacob siguió su camino, pero ya caminaba de un modo distinto.
Ahora ya sentía que su camino no era huir del peligro, sino acercarse a su Señor. No era seguir los caprichos de la mamá, sino la voluntad de su Dios. No era complacer a los corazones humanos, sino agradar al Señor, el que había hecho alianza con su padre, Isaac, y con su abuelo, Abraham.
Jacob recibió en sueños la visita de estos Ángeles y una contemplación de la gloria y la majestad de Dios. Descubrió, que en ese camino de antipatías y simpatías, había también un querer divino.
¡Bendito sueño este! Sueño que nosotros necesitamos.
Cuando llega el sueño de Jacob, es decir, cuando llega la visita de la gracia, la mirada cambia.
Jacob recibió este mensaje en sueños. ¿Y qué hizo Jacob para recibir este mensaje? ¡Nada! "Salió Jacob de Berseba en dirección a Jarán. Casualmente, llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol" Génesis 28,10-12-. Toda la escena es perfectamente natural. Jacob, en cierto sentido, no le estaba pidiendo a Dios esta luz. No obstante, Dios se la concedió.
Esta es la imagen que la Biblia utiliza para mostrar lo que significa la palabra "gracia". "Gracia" es aquello que uno no compra, no adquiere, no merece. "Gracia" es aquello que llega como puro regalo, como este sueño que Jacob tuvo. Las gracias no se pueden comprar, no se pueden negociar. Sin embargo, sí se pueden pedir, como hizo el mismo Jacob.
¡Jacob, príncipe de negociantes, ciertamente! "Si Dios está conmigo y me guarda en el camino, entonces el Señor será mi Dios" Génesis 28,20, dice él. Jacob pide guarda para el camino, pero lo pide después de haber recibido esta gracia.
A veces hay que pedirle a Dios que le muestre el camino, y a veces hay que pedirle a Dios que le cambie a uno el caminado.
Intentemos con la bondad del Espíritu Santo, sacar una segunda enseñanza de las palabras que Dios le dice. Son largas las palabras que le da Dios en este sueño: "El Señor estaba en pie al final de la escalinata, y dijo: Yo soy el Señor, el Dios de tu padre, Abraham, y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia" Génesis 28,13.
"Tu descendencia se multiplicará como el polvo de la tierra. Todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas y te volveré a esta tierra. No te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido" (véase Génesis 28,14-15).
¡Qué palabras tan grandes! ¡Qué regalo espléndido el que le da Dios a Jacob! Tres cosas le dice: "Soy el Dios de tus padres, estoy contigo, y cumpliré las promesas" Génesis 28,13;Génesis 28,15.
¡Tres cosas inmensas! ¡Tres regalos gigantescos para Jacob! "Soy el Dios de tus padres, yo estoy contigo, y cumpliré mis promesas" Génesis 28,13;Génesis 28,15.
La dureza del camino, las circunstancias en las que estaba Jacob, le podían hacer sentir que él no tenía los mismos derechos de sus antepasados. ¡Qué tal ese plan en el que estaba! ¡Con una bendición robada, con una primogenitura estafada, corriendo para que el hermano no se vengue de él!
¡Era difícil creer en la bendición de Dios ahí! Las circunstancias de Jacob hacían que él no pudiera fácilmente creer en las promesas antiguas. Dios le manifiesta toda su gracia, como diciéndole: "Mira, no es por lo que tú hayas hecho; no es por lo que tú hayas dejado de hacer. Es por lo que yo hago, y es por lo que yo voy a hacer".
.Viene Dios a decir: "Soy el Dios de tus padres" Génesis 28,13, como manifestando: "El que está ahora contigo, es el mismo que estuvo con ellos". Y como diciendo: "Tu pasado lo conozco, lo sé y no me frena. Tu pasado te puede frenar a ti; tu pasado no me frena a mí".
¡Cuánto necesitaba Jacob escuchar estas palabras, y cuánto necesitamos oírlas nosotros! A nosotros nos ata demasiado el pasado. Sabemos que Dios puede perdonar, sabemos que Dios perdona, sabemos que tenemos que perdonarnos.
Seguramente nos hemos perdonado, pero todavía no nos brotan las alas. Todavía no salen las alas majestuosas para el camino nuevo que Dios quiere de nosotros.
Somos tímidos para pedir, somos mezquinos para esperar, somos pequeños en la esperanza, diminutos en la esperanza.
Dios estaba levantando la esperanza de Jacob. Este hombre, dormido sobre una piedra, huyendo del hermano, con un futuro incierto, escucha esta palabra: "Yo estoy contigo, yo voy a cumplir las promesas" Génesis 28,15.
"¿Qué pasa que no te brotan las alas? Estás hecho para volar; tú lo sabes. En el fondo de tu corazón hay algo que arde cuando ves, en las alturas y en las cumbres, águilas majestuosas que se deslizan ante la mirada de Dios".
"Y tú sabes que estás hecho para esas alturas, y sabes que las alturas de la amistad divina, de la santidad, son para ti. ¡Tú sabes que son para ti!"
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