miércoles, 31 de julio de 2013

Fecundidad

San Lucas nos habla del Arcángel Gabriel le explica a la Santísima Virgen María, Ella habrá de concebir por la obra y por la gracia del Espíritu: “El poder del Espíritu te cubrirá con su sombra” San Lucas 1,35, esto es al mismo tiempo la fecundidad de María, la llegada de la palabra de Dios, la Palabra eterna del Padre que se hace carne y que habita entre nosotros.
Qué maravillosa unidad entre la fecundidad y la Palabra, que eran los dos aspectos de Pentecostés para los antiguos hebreos;  celebramos esa Palabra, ese Cristo que ha venido por obra y gracia del Espíritu, ese Cristo que quiere también encarnarse en ti por obra del Espíritu.
 "Cristo quiere revivir sus misterios en nosotros"; si tú has pasado por la enfermedad no es simplemente por un virus que hay por ahí; has pasado por la enfermedad porque hay un misterio de humillación y de abajamiento de Cristo que quiere hacerse presente en ti.
Si tú experimentas tristeza o dolor, no es solamente porque un amigo te traicionó o porque un negocio te salió mal; tu dolor y tu tristeza son el llamado del Espíritu a unirte al dolor y la tristeza de Jesús. Nada de lo que vive el cristiano, absolutamente nada debe quedar por fuera de la esfera de Cristo.
Nosotros somos llamados a participar del misterio de la Encarnación, por el mismo poder del Espíritu que hizo fecundas las entrañas de la virgen María; ese mismo Espíritu quiere estar en ti, para que cada uno de los momentos de tu vida, para que cada una de las dimensiones de tu ser sean presencia casi sacramental de Jesús.
Tu sonrisa tiene un valor de eternidad, porque en tu sonrisa está sonriendo Jesús; tu alabanza al Padre celestial tiene un valor casi infinito, no por ti, sino por el Espíritu, el Espíritu de Pentecostés que toma tu cuerpo, que toma tus manos, tus manos son manos sacerdotales, no sólo las del padre Said, no sólo las del Padre Ramón, no sólo las de este servidor de ustedes.
Tus manos son manos sacerdotales que se levantan en ofrenda al Padre, ahí está el Espíritu obrando ; tenemos que revivir los misterios de Cristo, de modo que tu alegría sea siempre la alegría de la Pascua del Señor; tu tristeza esté siempre asociada a Él.
Nuestra vida, entendida de esta manera, no es otra cosa sino la prolongación y la extensión del reinado de Jesús para todas las naciones, para todas las culturas, para todos los lugares
, todo es gracia de DIOS

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