sábado, 20 de julio de 2013

Devoción

En la Edad Media floreció una gran devoción por esta Santa, por María Magdalena. Y yo creo que estamos en un tiempo en el que debería renacer esta devoción con mucha fuerza, porque realmente lo que Dios hizo en esta mujer, mostró el poder que tiene el amor divino.
En la fiesta de María Magdalena, celebramos con esperanza la misericordia. En la fiesta de María Magdalena, nosotros, que muchas veces nos hemos sentido desalentados, vemos encenderse una luz. En la fiesta de María Magdalena, comprendemos que la palabra última, no la tiene el odio sino el amor, no la tiene la muerte sino la vida, no la tiene el pecado sino la gracia.
Por eso podemos asegurar, que esta mujer es como un pequeño resumen del Evangelio. Se trata, -como me gusta decir a mí-, de un caso perdido que se convirtió en un caso encontrado. En ella, el demonio había mostrado su poder. El Evangelio la describe como "poseída por siete demonios" San Marcos 16,9; San Lucas 8,2.
Más que un número de exorcismos, parece que este número siete lo que indica es la plenitud, como en tantas otras ocasiones. "Poseída por siete demonios" San Marcos 16,9; San Lucas 8,2, quiere decir, entregada completamente a las tinieblas.
La Palabra de Cristo le trajo libertad, le trajo paz, le trajo gracia, le trajo amor. Y así, lo que había sido un espejo del poder del enemigo, se convirtió en una poesía elocuente del amor de Dios. Es un mensaje muy grande, es como el Evangelio resumido, repito.
En realidad, el mundo que Dios encuentra, es como esa María Magdalena, un mundo perdido, un mundo enredado en sí mismo y poseído por las tinieblas. También Jesús quiere hacer con el universo entero, lo que pudo su amor en esta pobre mujer: quiere limpiarlo, quiere lavarlo, quiere purificarlo, quiere darle amor.
La tradición habla de María Magdalena como una pecadora pública. En parte, porque hay una pequeña confusión sobre varias mujeres. Por ejemplo, se creyó durante mucho tiempo, que María Magdalena era la que había derramado el perfume cuando aquello de Betania. Y como ese nombre era tan común, hay cierto equívoco sobre esta mujer.
Lo que sí podemos afirmar, es que allí donde reinó el pecado, allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Eso sí lo podemos asegurar. Y podemos aseverar también, que esta mujer estaba buscando por todas partes, y encontró en el agua cristalina y limpia de Jesucristo, lo que estaba necesitando.
Ella necesitaba amor. Seguramente había conocido muchas clases de amor. Pero no conocía y sí necesitaba este amor de Jesucristo. En Él pudo descansar, y por tanto, a ese amor se entregó completamente.
El mundo, que tiene la mirada torcida, no puede hablar de estas cosas sin referirlas a algún enredo de pareja entre Jesús y María Magdalena. Ha habido gente, que se ha atrevido a escribir y a hacer películas de cine sobre eso.
Pero hay un secreto que el Espíritu Santo nos dice al corazón. No se trata de este género de amor. Ella buscaba, ella necesitaba amor, y encontró en Cristo, amor. Eso es una realidad. De ahí, la primera lectura que habla de la "angustiosa búsqueda del amor del alma" Cantar de los Cantares 3,1-2.
Pero eso no significa que todo amor y que el único amor sea ése. Más bien, eso lo que nos está indicando es que muchas personas como María Magdalena, buscan en las relaciones de pareja, el amor que no encuentran en sus hogares, que no encuentran en sus padres, que no encuentran en sus amigos, que no encuentran en la Iglesia.
Luego, si brota con abundancia este manantial del amor de Jesucristo, pues muchos corazones encontrarán que no tienen que prostituirse, que no tienen que correr a los fangales de la impureza.
¡Cuántas personas resultan enredadas, humilladas, ensuciadas, porque están mendigando amor! Y el mundo le dice: "Pues sí, te voy a dar amor, pero tienes que pagar tu cuota, y tu cuota es sexo". Y la persona no estaba pensando en sexo. Mas como necesita amor, finalmente, no encontrando otra salida, como en desesperación, paga la cuota.
¡Y lo que necesitaba era amor! El paso del tiempo, la voz de la conciencia que no miente, va llevando a la persona a una conclusión: "Eso no era lo que yo quería. ¡Eso no era! ¡No es eso! ¡Era otra cosa!" Mientras tanto, este cuerpo nuestro, que Dios ha querido que sea un templo, se convierte más bien en una porqueriza.
Por eso, esta fiesta tiene también una gran actualidad, para contarnos en dónde está el amor que trae paz al alma, que trae luz al alma, y para contarnos también, que nosotros, como mensajeros, como testigos de este amor, podemos hacer un bien inmenso, especialmente cuando amamos desde el Corazón de Cristo. Cuando amamos como Jesucristo, podemos ayudar a muchísimas personas. ¡A muchas!

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