Nuestro ser, por voluntad del Creador, es un ser temporal, por eso nosotros, salvo en aquellos momentos que Dios nos lo concede por apariciones expresas de los Ángeles, que no es el modo principal de cumplir con esta Palabra, o no es el único por lo menos, y además ese modo nosotros no debemos tratar de suscitarlo, de provocarlo. Se desorienta mucho el corazón.
En esas manifestaciones extraordinarias, cuando Dios las concede, lo que podemos suponer es que nosotros los seres humanos, percibimos a los seres espirituales, incluído desde luego, al Espíritu de Dios, lo percibimos en las espaldas, como dice la Sagrada Escritura, es decir, percibimos más su paso que su presencia; percibimos más que estuvo y obró, que percibir que está.
Esta es una condición de nuesto ser temporal, percibir directamente a un Espíritu ante nosotros obrando, eso lo concede Dios a algunas personas, es cierto que sucede, y tiene, desde luego, una inmensa belleza, como todo lo que Dios hace. Pero para la mayoría de nosotros, y para la mayoría de nuestro tiempo en esta tierra, ese no va a ser el modo principal.
El modo principal está en percibir lo que ha sucedido, en darnos cuenta de lo que ha sucedido, y aquí surge un tercer ejercicio en la búsqueda de obediencia a los Santos Ángeles: la meditación sobre nuestra propia vida, el recordar lo que hemos hecho, lo que hemos dicho, lo que nos ha sucedido.
Casi más de lo que nosotros hemos hecho, lo que la vida, lo que la Providencia Divina ha hecho de nosotros; percibir nuestra historia, leer la historia pidiendo inteligencia espiritual, hace que en muchos pasajes de nuestra vida reconozcamos, ante todo, y es lo más importante, el paso de Dios.
Pero luego también es posible ir reconociendo la asistencia, el amor la amistad de los bienaventurados, empezando desde luego, por los Bienaventurados Ángeles Santos; también es posible ir descubriendo esa presencia.
De manera que el tercer ejercicio para mejorar nuestra obediencia a los Santos Ángeles, es mirar los acontecimientos de nuestra vida, pidiendo del Espíritu Santo inteligencia espiritual, y descubriendo las huellas de la Providencia.
Si además hemos tenido propósito expreso de amistad, de amor y de obediencia con los Ángeles, seguramente les hemos invocado muchas veces, entonces en este repaso de la historia no dejaremos de fijar más nuestra atención en aquellos momentos, en aquellos acontecimientos, en aquellos eventos en los que nosotros habíamos pedido particularmente el cuidado, la inspiración, la ayuda de los Ángeles.
Entonces, cuando repasamos así nuestra historia, atendiendo especialmente a los momentos en que hemos invocado la bondad divina en la providencia dé los Ángeles, nos hace más sensibles a su paso.
Hay todavía un último ejercicio que nos puede ayudar en la obediencia a los Ángeles, algo que tiene que ver con lo del amor al prójimo. He dicho que cuando nosotros conocemos a una persona, pues conocemos de algún modo su alma, llamémoslo así, podemos como sentir su presencia, como su estílo.
La presencia de una persona humana, por ejemplo dentro de un recinto, no es solamente la aparición de una figura física, es algo que de algún modo afecta el ambiente, por algo uno dice en ciertas circunstancias o en ciertos lugares: "Hay un buen ambiente, hay un mal ambiente".
La búsqueda de la gloria de Dios, la acogida continua, pura del mayor número de personas, la reflexión sobre la propia historia, sobre todo después de haber invocado muchas veces a los Ángeles, entonces se ha ido descubriendo como ciertos rasgos, como ciertas características del estílo de la Providencia Divina en estos nuestros celestiales custodios y protectores.
Se realiza de una manera más íntima, pero no menos real, la comunión de amistad y de amor y de compañía con los Ángeles, particularmente con el Ángel de la Guarda. Como que el corazón se va acostumbrando al estílo de esa presencia.
Queda como una impresión determinada en mi corazón, algo indescriptible, algo difícil de definir que uno a veces lo llama ambiente, cuando se han hecho estos anteriores ejercicios, poco a poco el corazón se va ejercitando como en percibir el estílo de esa presencia, la manera de esa presencia.
33Un tipo de comunión, un tipo de amistad y comunicación que es difícil de describir, desde luego, pero que tiene que ver con un lenguaje del corazón; ya no es solamente la invocación de la protección o de la yuda, sino es algo como un diálogo de corazones.
Si una misma gracia de Dios desborda en ellos, está en ellos, y también está en nosotros y nos reviste a nosotros.
El Ángel tiene una personalidad, es persona, no persona humana, claro, su naturaleza no es humana, es naturaleza angélica, pero tiene un modo de ser particular, tiene una personalidad.
La bondad del Señor, con el don de su Espíritu, nos bendiga, nos permita avanzar en el amor a Dios y al prójimo y nos conduzca, bajo la custodia y en la obediencia de los Santos Ángeles, hacia la Patria Celestial.