domingo, 8 de septiembre de 2013

Vino

Vino Jesús a esta tierra como para enseñarnos de qué manera es que se vive. Porque el pecado, de tal manera se adueña del corazón, que a uno se le olvida para qué son las cosas.
Las manos que Dios nos dio para construir, para ayudar, para bendecir, las podemos convertir en armas, cerrando los dedos, podemos acomodarle un golpazo a un prójimo, con lo cual habremos convertido la mano que Dios nos dio para construir y bendecir,las habremos convertido en un arma para destruir. Ahí se ve que el pecado causa como una especie de olvido.
El amor humano. El amor humano es una belleza, es muy hermoso, es muy grande, es sublime. Eso de que haya un amor, eso de que surja esa atracción, ese gusto, ese cariño, esa amistad, el diálogo, la construcción de un lenguaje entre dos, eso es bellísimo,
El Señor le dijo una vez a Santa Catalina de Siena que, la boca la había hecho Dios, es decir, el uso de la palabra, lo había hecho Dios para tres cosas: para bendecir su nombre, para arrepentirse de los pecados y para decir palabras edificantes a los demás.
Porque todo lo que Dios nos dio, nuestro cuerpo, nuestro lenguaje, la salud, la juventud, el dinero, la naturaleza, el conocimiento, el amor, todo lo que Dios nos dio, nos lo dio con una inmensa misericordia, con gran sabiduría y poder para nuestro bien; pero el pecado hace que nosotros utilicemos mal las cosas que Dios nos dio para nuestro bien.
Nosotros celebramos, cuando llega Jesús a esta tierra, que ha llegado como una especie de Maestro, o como un Médico que nos ayuda a recuperar el verdadero sentido de las cosas. Así por ejemplo, dice San Pablo en algún lugar: "Vosotros que antes utilizabais los miembros de vuestro cuerpo para pecado, ahora convertidlos en instrumentos de justicia" Carta a los Romanos 6,13.
De manera que los ojos que sirvieron para pecado, ahora tienen que se sanados por Jesucristo para que puedan ver las maravillas de Dios; la boca que servía para herir, para dividir, para humillar, ahora tiene que servir para alabanza, tiene que servir para consuelo, tiene que servir para enseñanza de otras personas.
Nuestro Señor Jesucristo. Y desde pequeñito, desde el pesebre, con la humildad, con la pobreza nos está enseñando de generosidad, nos está enseñando de amor, y toda su vida será una larga enseñanza que nos ayuda a reconstruir lo que habíamos destruido por nuestros pecados.

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