jueves, 19 de septiembre de 2013

Misericordia

Mucha gente dentro de la Iglesia ha tomado conciencia de algo fundamental: la palabra “misericordia”.
Dios quiere misericordia, más que sacrificios, más que cualquier otra cosa que podamos ofrecerle, Dios quiere misericordia, hay varias maneras de descubrir por qué Dios quiere esta misericordia.
Oseas dice: “Yo quiero misericordia, más que sacrificios” Oseas 6,6.
 Los sacrificios de los que habla el profeta Oseas, que son los mismos de los que habla Cristo, son sobre todo esas ofrendas religiosas que se presentaban en el Templo: sacrificios de corderos, de cabritos, sacrificios de tórtolas, de pichones, de palomas.
¿Qué es un sacrificio de esos? Es lo que yo le presento a Dios. La idea era que un hombre tenía muchos corderos, y entre esos corderos seleccionaba uno, y ése se lo ofrecía a Dios, lo ofrecía en sacrificio a Dios. Esa era la idea.
Cuando presentamos los sacrificios, ya se tratara de esas obras del Antiguo Testamento, o de otras cosas que nosotros queremos presentarle a Dios, incluidos los momentos o actos de penitencia, cuando nosotros presentamos esos sacrificios son cosas indudablemente muy pequeñas, porque son a nuestra medida, en cambio la misericordia nos habla de la medida de Dios.
Si yo le entrego a Dios el mejor de los corderos de mi rebaño, le estoy dando todavía poco porque me queda el resto del rebaño; es sólo según mi medida, es un corderito mío, es mi manera de amar.
 En el Antiguo Testamento, tomo el cariño, tomo la alegría que me da el pequeño animalito, y de alguna manera renuncio a esa alegría y digo: “Bueno, está bien, será para Dios”.
 Cuando yo realizo misericordia, cuando ejerzo misericordia, la medida la tiene el amor de Dios.
El motivo por el que es preferible la misericordia a los sacrificios, porque la misericordia funciona según la medida de Dios. Esto es maravilloso, la misericordia me abre al sentir de Dios, me abre al infinito de Dios, es maravilloso.
 Cuando yo ofrezco mis cosas, mi corazón puede estar retirado de la ofrenda, precisamente el profeta Oseas y tantos otros profetas, hablaban mal de todos esos sacrificios y los criticaban porque eran cosas externas.
 "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí" Isaías 29,13.
Ese tipo de ofrendas, como los sacrificios de la antigua Ley, se pueden ofrecer sin el corazón, en cambio, en la misericordia tengo que implicar el centro de mi vida, el centro de mi cuerpo, el centro de mi alma, tengo que meter mi yo, eso es maravilloso.
Cuando se hace, cuandose  ejerce misericordia, tengo que implicarme . Como quien dice, la misericordia es preferible a los sacrificios, porque los sacrificios es como dar cosas, mientras que la misericordia es darse uno mismo, tengo que implicar mi corazón. No podemos dar misericordia sin implicarnos.
El ejercicio de la misericordia es un ejercicio que hace que nosotros  mismos de alguna manera nos vuelvamos sacrificio, cuando ejercitamos misericordia, estamos ofreciendo un sacrifico mejor que el cordero, porque ya no es una cosa fuera de nosotros, es nuestro corazón, es el amor que hay en nosotros, es lo que está dentro lo que estamos ofreciendo.
La misericordia es profundamente sincera, sentir misericordia es cosa que se tiene o no se tiene, es cosa que me pone frente a la verdad del propio corazón, es cosa que sucede dentro de la verdad. La misericordia me obliga a llegar a la verdad de mi propio ser.
La ofrenda de la misericordia es una ofrenda verdadera, es en la verdad, es sincera; la sinceridad y la verdad son hermanas de la misericordia.
La misericordia es mejor que el sacrifico, porque los sacrificios fácilmente se convierten en actos individuales. Algo que sucede un poco en todas partes, "que Dios me salve y que yo sea salvo", "que Dios me cuide, que todo salga bien, que se le dé gloria y Él sigue bendiciendo".  Es profundamente individualista ese punto de vista. En cambio, la misericordia es un maravilloso aglutinante que va haciendo que se una la vida a la vida del hermano, que se engendre misericordia en él y que él pueda unirse a otros.
La misericordia es el verdadero cemento, es el vínculo, es la unión, es la fuerza cohesionante que hace que todos nosotros seamos uno solo.
 La misericordia hace que tenga que meterme con y en la otra persona; en el sacrificio, eventualmente, resulto bendecido; mientras que en la misericordia resulta bendecido tanto el que la da como el que la recibe.
La misericordia hace un gancho que une las vidas, un gancho que va cohesionando el Cuerpo de Cristo, que va uniendo, que va fortaleciendo al pueblo de Dios y lo va levantando y lo levanta junto y lo levanta reunido; la misericordia tiene fuerza cohesionante. La misericordia es preferible a los sacrificios por estas razones.
Jesucristo es el gran espejo de misericordia que nosotros tenemos; Jesucristo, a través de su misericordia, nos abre al misterio del amor infinito de Dios.
Jesucristo, que es hombre como nosotros, a través de la misericordia hace que nuestros ojos, que también son finitos, puedan ver lo infinito.
 La misericordia es maravillosa, no es otra cosa que volver sobre el primer tema de amar con el corazón de Dios.
La misericordia abre a un infinito, ¿cómo puede mostrarse el Dios infinito en un hombre finito? El Dios poderoso, ¿cómo puede mostrarse en un hombre que es tan frágil? El Dios que es eterno, ¿cómo puede mostrarse en el ser humano que es tan breve? El Dios que es absoluto, ¿cómo puede mostrarse en un ser que es tan contingente como somos cada uno de nosotros?
Nosotros, con todas las limitaciones, con toda la finitud, nosotros podemos ser ul infinito tablero en el que aparezca la infinita palabra, el mensaje inagotable de Dios; Dios puede ser pronunciado en una vida humana, Dios puede ser revelado en una vida humana, eso es lo que muestra Jesucristo.
La vida de Cristo es eso. La vida de Cristo es la muestra de que lo infinito sí cabe en lo finito, y que el lenguaje que traduce una cosa con la otra, el lenguaje que convierte esa infinitud en esta finitud, es el lenguaje maravilloso, es el lenguaje de la misericordia
La disposición para perdonar siempre, para amar siempre, para acoger siempre, esa disposición que es infinita, es del tamaño de Dios y se puede realizar en tu corazón y se puede realizar en el mío, y eso fue lo que apareció en el Corazón de Jesucristo.



 
 Mucha gente dentro de la Iglesia ha tomado conciencia de algo fundamental: la palabra “misericordia”.
Dios quiere misericordia, más que sacrificios, más que cualquier otra cosa que podamos ofrecerle, Dios quiere misericordia, hay varias maneras de descubrir por qué Dios quiere esta misericordia.

Por eso la precisión, la claridad, el esclarecimiento, la aclaración, las listas.
 Oseas dice: “Yo quiero misericordia, más que sacrificios” Oseas 6,6.
 Los sacrificios de los que habla el profeta Oseas, que son los mismos de los que habla Cristo, son sobre todo esas ofrendas religiosas que se presentaban en el Templo: sacrificios de corderos, de cabritos, sacrificios de tórtolas, de pichones, de palomas.
¿Qué es un sacrificio de esos? Es lo que yo le presento a Dios. La idea era que un hombre tenía muchos corderos, y entre esos corderos seleccionaba uno, y ése se lo ofrecía a Dios, lo ofrecía en sacrificio a Dios. Esa era la idea.
Cuando presentamos los sacrificios, ya se tratara de esas obras del Antiguo Testamento, o de otras cosas que nosotros queremos presentarle a Dios, incluidos los momentos o actos de penitencia, cuando nosotros presentamos esos sacrificios son cosas indudablemente muy pequeñas, porque son a nuestra medida, en cambio la misericordia nos habla de la medida de Dios.
Si yo le entrego a Dios el mejor de los corderos de mi rebaño, le estoy dando todavía poco porque me queda el resto del rebaño; es sólo según mi medida, es un corderito mío, es mi manera de amar.
 En el Antiguo Testamento, tomo el cariño, tomo la alegría que me da el pequeño animalito, y de alguna manera renuncio a esa alegría y digo: “Bueno, está bien, será para Dios”.
 Cuando yo realizo misericordia, cuando ejerzo misericordia, la medida la tiene el amor de Dios.
El motivo por el que es preferible la misericordia a los sacrificios, porque la misericordia funciona según la medida de Dios. Esto es maravilloso, la misericordia me abre al sentir de Dios, me abre al infinito de Dios, es maravilloso.
 Cuando yo ofrezco mis cosas, mi corazón puede estar retirado de la ofrenda, precisamente el profeta Oseas y tantos otros profetas, hablaban mal de todos esos sacrificios y los criticaban porque eran cosas externas.
 "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí" Isaías 29,13.
Ese tipo de ofrendas, como los sacrificios de la antigua Ley, se pueden ofrecer sin el corazón, en cambio, en la misericordia tengo que implicar el centro de mi vida, el centro de mi cuerpo, el centro de mi alma, tengo que meter mi yo, eso es maravilloso.
Cuando se hace, cuandose  ejerce misericordia, tengo que implicarme . Como quien dice, la misericordia es preferible a los sacrificios, porque los sacrificios es como dar cosas, mientras que la misericordia es darse uno mismo, tengo que implicar mi corazón. No podemos dar misericordia sin implicarnos.
El ejercicio de la misericordia es un ejercicio que hace que nosotros  mismos de alguna manera nos vuelvamos sacrificio, cuando ejercitamos misericordia, estamos ofreciendo un sacrifico mejor que el cordero, porque ya no es una cosa fuera de nosotros, es nuestro corazón, es el amor que hay en nosotros, es lo que está dentro lo que estamos ofreciendo.
La misericordia es profundamente sincera, sentir misericordia es cosa que se tiene o no se tiene, es cosa que me pone frente a la verdad del propio corazón, es cosa que sucede dentro de la verdad. La misericordia me obliga a llegar a la verdad de mi propio ser.
La ofrenda de la misericordia es una ofrenda verdadera, es en la verdad, es sincera; la sinceridad y la verdad son hermanas de la misericordia.
La misericordia es mejor que el sacrifico, porque los sacrificios fácilmente se convierten en actos individuales. Algo que sucede un poco en todas partes, "que Dios me salve y que yo sea salvo", "que Dios me cuide, que todo salga bien, que se le dé gloria y Él sigue bendiciendo".  Es profundamente individualista ese punto de vista. En cambio, la misericordia es un maravilloso aglutinante que va haciendo que se una la vida a la vida del hermano, que se engendre misericordia en él y que él pueda unirse a otros.
La misericordia es el verdadero cemento, es el vínculo, es la unión, es la fuerza cohesionante que hace que todos nosotros seamos uno solo.
 La misericordia hace que tenga que meterme con y en la otra persona; en el sacrificio, eventualmente, resulto bendecido; mientras que en la misericordia resulta bendecido tanto el que la da como el que la recibe.
La misericordia hace un gancho que une las vidas, un gancho que va cohesionando el Cuerpo de Cristo, que va uniendo, que va fortaleciendo al pueblo de Dios y lo va levantando y lo levanta junto y lo levanta reunido; la misericordia tiene fuerza cohesionante. La misericordia es preferible a los sacrificios por estas razones.
Jesucristo es el gran espejo de misericordia que nosotros tenemos; Jesucristo, a través de su misericordia, nos abre al misterio del amor infinito de Dios.
Jesucristo, que es hombre como nosotros, a través de la misericordia hace que nuestros ojos, que también son finitos, puedan ver lo infinito.
 La misericordia es maravillosa, no es otra cosa que volver sobre el primer tema de amar con el corazón de Dios.
La misericordia abre a un infinito, ¿cómo puede mostrarse el Dios infinito en un hombre finito? El Dios poderoso, ¿cómo puede mostrarse en un hombre que es tan frágil? El Dios que es eterno, ¿cómo puede mostrarse en el ser humano que es tan breve? El Dios que es absoluto, ¿cómo puede mostrarse en un ser que es tan contingente como somos cada uno de nosotros?
Nosotros, con todas las limitaciones, con toda la finitud, nosotros podemos ser ul infinito tablero en el que aparezca la infinita palabra, el mensaje inagotable de Dios; Dios puede ser pronunciado en una vida humana, Dios puede ser revelado en una vida humana, eso es lo que muestra Jesucristo.
La vida de Cristo es eso. La vida de Cristo es la muestra de que lo infinito sí cabe en lo finito, y que el lenguaje que traduce una cosa con la otra, el lenguaje que convierte esa infinitud en esta finitud, es el lenguaje maravilloso, es el lenguaje de la misericordia
La disposición para perdonar siempre, para amar siempre, para acoger siempre, esa disposición que es infinita, es del tamaño de Dios y se puede realizar en tu corazón y se puede realizar en el mío, y eso fue lo que apareció en el Corazón de Jesucristo.






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