domingo, 29 de septiembre de 2013

Deuteronomio

El Deuteronomio, tenían una conciencia de ser un pueblo elegido. Pero, era un pueblo elegido sin más vocación que su propia salvación.
En cambio, el pueblo después del destierro es el pueblo que se siente elegido, pero elegido para comunicar salvación, para dar salvación. Ya no es ser elegido para mí mismo; es ser elegido para dar a los otros la salvación.
Y esto es muy hermoso, porque Nabucodonosor, el que desterró a los judíos, no desterró únicamente a los judíos. Nabucodonosor se sentía verdaderamente el dueño de la tierra. "Él pasó arrasando y cambiando las fronteras de las naciones" Jeremías 34,1, como dice por ahí algún texto de los Profetas.
Él se sentía feliz en éso, redistribuyendo los pueblos, como jugando con los pueblos, con las fronteras y con las naciones; sentía que era el dueño del mundo.
Los judíos allá en esa Babilonia, compartiendo miseria y necesidad con muchos pueblos de muchas partes, descubrieron que había algo que les hacía hermanos de todos. Es decir, la experiencia de padecer un mismo dolor les hizo creer que era posible una misma salvación. 
Este punto  parece muy bello: los que comparten  un mismo dolor, pueden llegar a creer en un mismo amor, en una misma salvación. Éso fue lo que le sucedió a los judíos.
Mientras ellos estaban en la época del Deuteronomio, mientras estaban allá tan convencidos, allá tan seguros en su tierra, en su posesión, sentían que eran los elegidos, pero eran elegidos para sí mismos.
Cuando pasan por la experiencia de ser desplazados, de ser desterrados, cuando llegan a esa experiencia y les toca sentirse hermanos de todos los otros, cuando comparten dolor con otros, entonces llegan a creer en la posibilidad del amor para otros.
El lenguaje que nos trae Zacarías es un lenguaje de salvación para todos. Dice : "En aquella época, en aquel día, diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por la orla del manto diciendo: "Queremos ir con vosotros" Zacarías 8,23.
El destierro sirvió para que los judíos consideraran la salvación como un don para todas las naciones. Esto no lo tenían antes. Fue fundamental, sirvió luego cuando Pablo y los predicadores del Evangelio dijeron: "Oiga, hay que anunciar la Buena Noticia no solamente a los judíos" Hechos de los Apóstoles 15,7.
Entonces, Dios iba tejiendo una historia, que en medio de esta tragedia los estaba llevando a cambiar de mentalidad, los estaba llevando a convencerse de que el don de la salvación era para otros y no solamente para ellos mismos.
Todos los pueblos de la tierra estamos en deuda con los judíos. ¡Todos!  dice: "Hemos oído que Dios está con vosotros. ¡Queremos ir con vosotros!" Zacarías 8,23, es cierto.
Sólo hay una manera de pagar esta deuda,  es en viva intercesión, en vivo amor por todos aquellos que perteneciendo al pueblo elegido, de alguna manera no han llevado a plenitud esa elección acogiendo a Jesús de Nazareth, Nuestro Señor y Salvador.

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