sábado, 7 de septiembre de 2013

Cristo nos está invitando a negarnos a nosotros mismos, nos está invitando a tomar la cruz, eso suena: "Nos está invitando a pasar trabajos, a pasar incomodidades y a sentirnos mal".
Lo primero que hay que notar es que hay una característica en el ser humano. Nosotros, los seres humanos, somos los únicos seres en la creación visible que podemos decirnos que no.
Los animales, las plantas no tienen esa característica. ¿Hemos visto alguna vez una vaca hambrienta que entre a un potrero de pastos jugosos y diga: "No, no voy a comer"? La vaca llega al potrero, y si está el pasto y ella tiene hambre, pues come y se acabó; en cambio el ser humano es capaz de decirse "no".
Sólo el ser humano se puede decir, a sí mismo, "no". Las creaturas no tienen esa capacidad, sino solamente nosotros, pero lo más interesante es que la capacidad de decirse "no" es lo que permite al ser humano crecer. El "no", es la palabra que nos permite concentrar nuestras fuerzas en una dirección y levantarnos.
" Pero si te duelen los dedos y la guitarra suena mal y se te desafina a cada rato", "-si, eso es cierto, pero yo quiero llegar a ser un guitarrista, yo quiero ser la alegría de la fiesta, de la reunión familiar, quiero tener un gran conjunto llanero, quiero ser un gran músico".
Ahí nos damos cuenta de cómo la palabra "no", es la palabra que nos ayuda a concentrar nuestras fuerzas. ¿Qué pasaría con una persona que nunca se dijera que no? ¿Qué tal un atleta? Los atletas son gente madrugadora, gente activa.
¿Qué tal un atleta que lleguen las seis de la mañana, suena el despertador, ya debería estar, el hombre eléctrico listo en la cancha entrenando, trotando, calentando: "¡Ay!, yo debería de estar allá, pero es que el cuerpo me pide otro ratico y yo le voy a decir que sí al cuerpo".
Obviamente, un atleta que se dijera: "Voy a decirle que sí al cuerpo, y luego el cuerpo me pide un desayuno de tres pisos, y luego el cuerpo me pide una “banana split”, y luego el cuerpo me pide..." ¡Y luego el cuerpo le sigue pidiendo y nunca va a ser un atleta! ¡Así no se hacen los atletas!
San Pablo nos recuerda: "Todo atleta se impone privaciones", se pone una disciplina, y si algo tiene nuestra querida ciudad es deportistas disciplinados. ¡Yo cómo admiro a los deportistas disciplinados!
Aquí hay gente que desde tempranas horas está trotando, está en el gimnasio, está en la piscina, ¿por qué hacen eso? ¿Será que no les cuesta trabajo levantarse de la camita? Tal vez sí les cuesta trabajo: ¿será que el cuerpo nunca les pide que se queden otro ratito? El cuerpo sí les pide, ¿pero ellos qué dicen? "No".  
Ese "no" es el que construye atletas fuertes, grandes; pregúntele a cualquier atleta qué ha tenido que hacer, pregúntele a cualquier músico, pregúntele a cualquier científico.
"-¿y eso no era muy pesado? "Era muy pesado", "¿y no había veces que usted quería hacer otra cosa?" "-Claaaro", "-¿y qué decía usted?" "-¡No!"
El "no" es una palabra que tiene mucha fuerza. Lo mismo sucede en el amor, en el amor pasa lo mismo. Si el hombre llega donde la mujer y le dice: "¿Sabes que tú me gustas mucho?" Y ella dice: "No te preocupes, mi cama está arreglada, tien mucho espacio, quédate conmigo".
El "no" es muy importante ahí, los hombres valoran a la mujer que sabe tener un "no", un "no" razonable, un "no" con altura; no es el "no" de quien no puede, es el "no" de aquella mujer que es dueña de sí misma, es dueña de su cuerpo y de sus emociones y por lo tanto sabe qué lugar ocupa en una relación. El "no" es importante.
El "no" también es importante en la educación de los hijos. Si los papás todo le conceden a los hijos, todo lo que quiera y todo lo que pida y todo lo que se le dé la gana, ¿esos muchachos cómo crecen? Caprichosos, orgullosos, irresponsables, creen que se lo merecen todo, humillan a cualquiera, hasta el día en que se estrellan contra la vida y se dan cuenta de que los demás ya no son el papito y la mamita que estaban únicamente para satisfacer sus bobadas. El "no" educa.
Podemos valorar muchísimo la palabra de Jesucristo, porque la cruz es, entre otras cosas, -la cruz es un misterio infinito-, pero entre otras cosas la cruz es la capacidad de decirse "no".
Jesús nos está diciendo que de tal manera hemos de amarlo a Él, amar su Evangelio, amar el don de su Espíritu, amar su Reino, que seamos capaces de decirle que "no" incluso al papá, a la mamá, a los hermanos, al novio, a la novia, al esposo, a la esposa.
Jesús sabe muy bien que la altura en el corazón humano sólo se construye con el "no" y como Él quiere de nosotros la máxima altura, por eso sabe que tiene el derecho y el deber de pedir de nosotros la máxima renuncia, la máxima renuncia para la máxima altura.
¡Sólo un amor así es capaz de transformar el mundo! Y Cristo no vino a esta tierra a darse un paseo de turista, vino a cambiar la historia de los hombres, vino a expulsar el dominio de Satanás, vino a darnos la salvación.
Lo que nos está diciendo Jesucristo es: "No te quedes a medio camino, tú sabes que tú podrías ser muchísimo más, y tú sabes que por estar complaciendo en el pecado, y tú sabes que por estar complaciendo en la pereza, y por estar complaciendo en la negligencia te quedaste en la mitad.
Llega hasta el final, alcanza tu verdadera altura, levántate a aquello para lo que fuiste creado; tú no viniste a esta tierra a pasear solamente, levántate, toma tu verdadera altura, no llegarás a ella sin la escalera de la cruz".

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