martes, 3 de septiembre de 2013

Firmeza


Estas afirmaciones las tiene nuestra inteligencia con firmeza, como si estuviera completamente demostrado, la fe se parece al conocimiento cierto o a lo que Santo Tomás llamaba "la ciencia", porque la fe permite aprehender el objeto con certeza.
Cuando yo afirmo algo como que Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, ahí mi inteligencia goza de certeza.
Esa certeza nos pone en camino, ese camino que recorre mi inteligencia hacia el objeto que le ha sido como donado por Dios, ese camino es precisamente el camino de la teología, a la cual, magistralmente llamó San Anselmo, “la fe que quiere entender”, "fides quaerens intellectum", "la fe que quiere entender".
En la esperanza,  lo que yo asumo como propio no lo tengo por mis propias fuerzas, lo tengo como un don que me pone en camino hacia una comprensión más perfecta. La fe es un don, un don del Espíritu.
Si he podido seguirme sosteniendo en mi objeto, no es por mis fuerzas, ahí está Dios obrando en mí. Puedo casi percibir, puedo casi tocar a Dios obrando en mi alma para que yo pueda creer.
Si pensamos en lo que significa radicalmente la esperanza, esta confianza puesta en Dios, más allá de lo que ofrece esta tierra y más allá del umbral de la muerte, comprendo que la esperanza es locura a los ojos del mundo; así como la fe sería una elección.
La esperanza tiene su objeto propio en un bien, pero yo conservo la esperanza. Como dice la Carta a los Hebreos, haciendo elogio de algunos de estos antiguos: "Esperaron contra toda esperanza como Abraham" Categoría: Hebreos 11, ; y llega a decir la Carta a los Hebreos: "Y el mundo no era digno de ellos" Carta a los Hebreos 11,38.

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