Jesús está dándonos una gran enseñanza, la unidad interior está ligada a la eficacia exterior. La caridad interior no puede separarse de la caridad exterior; la caridad interior lleva a la comunión, la caridad exterior lleva a la misión.
Jesús tenía que hacer el recorrido desde el norte hacia el sur, donde quedaba Jerusalén, tenía que atravesar Samaría, los samaritanos no se entienden con los judíos, Jerusalén es la capital de Judea, entonces está esa escena: rechazan a Jesús y a sus discípulos porque son peregrinos que van hacia Jerusalén, porque van a Jerusalén los rechazan.
Esto fue lo que les sucedió a estos dos discípulos, especialmente a Santiago y a Juan, que eran hermanos, y Jesús les dice: "Ustedes no saben de qué espíritu son" San Lucas 9,55
Qué hermoso ver cómo la naturaleza humana, frente al misterio de Cristo, finalmente tiene que abrirse, tiene que mostrar sus miserias. Porque así como una herida a veces toca abrirla para que salga la pus, así también Jesús abre el corazón enfermo, y sale toda esa mugre, toda esa enfermedad que tenemos, para que el mismo Jesús nos sane y para que el mismo Jesús nos dé la unidad interior y la paz que el mundo no puede dar.
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