"Se levantó y lo siguió" San Mateo 9,9.
Los Evangelistas nos cuentan de muchas intervenciones, por ejemplo de Bartolomé, de Tomás, de Felipe, de Andrés, de Pedro, de Judas Tadeo; pero Mateo es callado.
Prontitud, silencio, son las dos palabras que hemos encontrado; después de ese silencio, después de todo ese silencio, testimonio.
Prontitud en la acción, silencio de reflexión, testimonio con valor, son los pasos que da San Mateo, son los pasos que nosotros podemos considerar como un modelo de recibir la misericordia, porque el Dios que obró misericordiosamente con Mateo, sigue obrando misericordiosamente hoy.
San Mateo hoy nos da su ejemplo y nosotros queremos meditarlo, primero, prontitud en la acción; segundo, silencio de reflexión y de humildad; tercero, testimonio con valor.
Prontitud en la acción. Nosotros imaginamos la conversión de una manera demasiado "espiritual", creemos que la conversión es solamente como una decisión que se queda allá por dentro, ya me conocen,me concentré, me convertí, me convertí"
Dice: "Él se levantó y lo siguió" San Mateo 9,9.
"Y estando en la mesa en casa de Mateo",San Mateo 9,10.
La conversión supone, romper con algo y empezar algo; dejar algo y comenzar algo; la conversión supone tomar una acción. Si yo recibo la misericordia de Cristo, tomo una acción, y esa acción que tomo es indispensable.
Nosotros no somos Ángeles. En los Ángeles la decisión interior es la acción, en las personas humanas, no. Nosotros tenemos adentro y afuera, y la decisión interior tiene que tener una repercución exterior.
Viene un tiempo de silencio, indudablemente actuaba, por ejemplo le ofreció a Cristo aquella comida. San Mateo 9,11.
Recordemos aquel caso en el que iban pasando por una ciudad de Samaría. Los samaritanos eran enemigos de los judíos, iban hacia judea, sabían que iban a Jerusalen, los samaritanos sabían que Jesús y sus discípulos íban para Jerusalén, y entonces no les dieron hospedaje.
Santiago y Juan, que eran dos hermanos y que eran de un temperamento sumamente fuerte, le dicen a Cristo: "¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo,- fíjense, "mandemos",- quieres que mandemos bajar fiuego del cielo, que baje y los consuma? San Lucas 9,54, y Mateo callado. Es necesario ese silencio de interiorización. Actúe mucho, y hable poco.
Pedro sentía que era "íntimo" con Jesucristo, y entonces dice Cristo: "Bueno, vamos a ir a Jerusalén, al Hijo del hombre lo van a entregar, lo van a condenar"San Lucas 24,7; San Mateo 17,23.
Cuando Cristo hizo unos milagros les dijo a las personas: "No se lo cuentes a nadie" San Marcos 1,44, los estaba enviando a este silencio del que estamos hablando: "Piense primero, capte, saboree, disfrute, aprecie,lo sucedido, ¡aprecielo!; péselo en su corazón, obtenga todo el valor, valore su tesoro gócese en El", agradézcalo, meditelo". De esta manera, el corazón aprende a vivir en el agradecimiento y aprende a vivir en la confianza.
A través del silencio, Mateo hace una especie de penitencia. Él había hecho mucho daño, la Biblia nunca lo representa como una persona inocente, ni como una persona buena.
Es mucho lo que podemos aprender de este silencio, pero este silencio no es eterno. Luego viene el silencio transformado en palabras, testimonio con valor.
Mateo, después de ese silencio, después de esa meditación, después de recoger tantas cosas, se convierte en un predicador para todos los siglos, van a seguir proclamándose.
San Mateo da testimonio con valor, da testimonio de fondo, da testimonio profundo. Descubrir con gratitud lo que Dios ha hecho, puede ofrecer esa palabra, aquél que ha conocido, podríamos decir hasta el fondo la maldad humana, y ha conocido hasta el fondo la bondad divina, ese sí puede predicar.
De ese silencio humilde y de ese silencio de agradecimiento, surge una palabra que no se detiene por la maldad de los seres humanos, es que la palabra del predicador puede ser todo menos ingenua.
Frente a tanto dolor, frente a tanto absurdo, frente a tanta maldad que de distintas maneras experimentamos y sentimos, no se puede predicar cuentos de hadas.
Lo que tiene que salir es la claridad sobre el mal que hay en el ser humano y su posibilidad de bien; y sobre el bien que hay en Dios y cómo ese bien, en misericordia y en caminos de gracia, se convierte en fuente viva en los corazones de quienes se convierten.
Tiene que tenerse la seriedad del que ha conocido el mal, y el optimismo del ha conocido el bien, las dos cosas.
Hay que conocer, que haberlos pesado en el corazón y hay que sentir que la persona más perversa que pudiera oír nuestras palabras, puede encontrar una voz que le reclama conversión y una voz que le ofrece misericordia; que la persona más superficial, que la persona más olvidadiza pueda quedarse con algo en su corazón, y que la persona más profunda pueda quedarse con algo nuevo en su alma.
San Mateo, ése que descendió hasta el fondo del pozo, ése que sabía lo que era sentirse odiado hasta el fondo y generar odio; ése que sabia lo que era egoísmo hasta el fondo; ése, transformado por Cristo y madurado en el crisol del silencio y del amor, ése es el predicador que ahora, y mientras la Iglesia sea Iglesia en esta tierra, nos está anunciando el mensaje de salvación
La historia de este Apóstol y Evangelista es indudablemente una historia vocacional. Se trata de un llamado, se trata de una vocación. El llamado está explícitamente mencionado en el pasaje que hemos oído; Jesús, de hecho, dice en voz alta a Mateo, y con eso lo pone en movimiento: "Sígueme" San Mateo 9,9.
Mateo estaba estacionado, podemos decir, Mateo estaba acomodado, estaba firmemente establecido en su negocio, su negocio eran los impuestos. Y obsérvese la palabra que utilizo: "negocio". La costumbre que tenían los romanos, en eso de recoger los impuestos, era sencilla, eficaz y brutal.
Cuando conquistaban una determinada región, haciendo un cálculo somero de las riquezas que podía haber en esa región, asignaban el sitio a una persona, diciéndole cuánto dinero tenía que pagarle al Imperio, por cuenta de esa región.
Los publicanos o cobradores de impuestos, tenían como principales víctimas suyas a los pequeños, a los pobres, las mujeres viudas, sobre todo, eran víctimas preferidas de los publicanos.
No hay alma más hermosa ni más limpia que la de Cristo. Los ojos limpísimos de Cristo, los ojos luminosos de Cristo pudieron ver no solamente que este hombre encadenaba a otros con deudas pesadísimas, él mismo, el mismo Mateo estaba encadenado.
Nadie podía ver esas cadenas de Mateo, nadie, sino Cristo, Cristo sí pudo verlas, cristo sí pudo ver que éste que hacía daño a otros, primero se estaba haciendo un daño terrible a sí mismo; y por eso, cristo pido tener también un acto de compasión hacia aquel hombre que no se compadecía de nadie; Cristo pudo tener misericordia con ese hombre que no tenía misericordia de nadie.
¿Por qué Cristo pudo tener compasión de este hombre cruel, que había arruinado familias y que había llevado a mujeres inocentes, viudas, a la prostitución? ¿Por qué cristo podía tener compasión de él? Porque Cristo sí veía las cadenas de Mateo, porque Cristo sí veía la tristísima, oscurísima situación de ese corazón que en el fondo, muy en el fondo, gemía prisionero.
Y para liberar a ese corazón, pronunció una palabra: "Sígueme" San Mateo 9,9, "sal de esas cadenas", "sígueme" San Mateo 9,9, "deja ese negocio", "sígueme" San Mateo 9,9, "despréndete de esa mesa y de esa plata que te tienen prisionero".
Así como en el libro del Génesis leemos que, "Dios con una palabra creó todas las cosas", Génesis 1,1, y así como leemos en la Carta a los Hebreos que, "Dios sostiene el universo con su palabra poderosa" Carta a los Hebreos 1,3, así también la palabra de Cristo creó una nueva relación, una nueva situación, creó una nueva historia, le dio un nuevo comienzo a Mateo.
¡Bendita palabra de Cristo que liberó al que estaba oprimido y que oprimía a otros, estaba encadenado y encadenaba a otros!Cristo lo liberó con esa sola palabra: "Sígueme" San Mateo 9,9,"ponte en movimiento, deja tus cadenas".
Servir a Cristo es reinar; servir a Cristo es encontrar libertad, en contra de lo que mucha gente cree, la verdadera libertad no es estar ajeno a servidumbre, sino ser siervos del Único que merece ser servido.
Así como sucedió a los israelitas, que salieron de la pésima servidumbre del faraón, para convertirse en adoradores y servidores de Yavhé, así también Mateo salió de la pésima servidumbre de sus codicias y entró a la preciosa servidumbre, el precioso discipulado de Cristo. San Mateo sigue hablando, Mateo sigue contando su historia; hoy, el que era autor de cadenas, se ha convertido en autor de Evangelio, autor de libertad. Creo que cada uno de nosotros tiene también mucho, mucho que agradecerle a Jesús; creo que cada uno de nosotros tiene también una historia de liberación, y creo que cada uno de nosotros ha escuchado un eco de la voz del Nazareno diciéndo: "Sígueme" San Mateo 9,9.
La vida cristiana será siempre seguir a Cristo, será siempre reconocer en Él el verdadero Maestro, el único Rey que da la libertad.
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