domingo, 8 de septiembre de 2013

Encontramos

Capítulo sexto de San Lucas, encontramos que los enemigos de Jesús están bastante activos. Lucas nos dijo en su momento que estaban acechando, como el que va a caer sobre su presa; miraban, sobre todo, si podían pillar a Cristo desobedeciendo la Ley, porque eso debería mostrar muy claramente que Cristo era un falsario, un impostor, alguien que estaba pervirtiendo la fe de la gente, y por consiguiente, alguien que había que quitar de en medio.
Los enemigos de Jeśus están bastante activos, pero Cristo no entra en retirada, ni tampoco se encierra en una coraza de miedo o de justificaciones; Cristo también está bastante activo, sólo que la actividad de Cristo, la principal, está en la obra de la misericordia para con el prójimo y la obra santísima de la oración para con Dios su Padre.
Esto nos recuerda lo que se ha dicho de tantos santos, Santo Domingo. Se dice de Domingo: "Durante el día, nadie más solícito, nadie más afable, nadie más diligente por el bien del prójimo; durante la noche, nadie más constante en la intercesión, la penitencia, las lágrimas. El día para el prójimo, la noche para Dios", así se dice de Santo Domingo.
Pero Santo Domingo tuvo de quien aprenderlo, su gran modelo, su gran punto de referencia es el mismo Señor Jesús, por eso miramos a este Cristo lo encontramos activo en su oración, una oración que produce frutos, hoy se cuentan dos de esos frutos en el pasaje que corresponde al evangelio: un fruto de la oración de Cristo son sus Apóstoles, es Lucas el que más insiste en este aspecto de Nuestro Señor y Salvador. Jesús, en el evangelio de Lucas es el gran orante, es no solamente maestro de oración, sino hombre de oración.
San Francisco de Asís: "Era un hombre hecho oración"; si esos se pudo decir de un discípulo de Cristo, ¿cómo sería esta oración de Cristo? De esa oración sale una resolución: la de elegir a sus Discípulos. Jesús pasa la noche en la oración de Dios, estos doce Apóstoles son el fruto de esa súplica. Jesús los ha engendrado desde el amor de la noche, es el amor purísimo, es el amor celestial del Espíritu que fluye con abundancia en la oración de Cristo, es decir, del Ungido.
Jesús, de su oración, saca ese grupo de Apóstoles, y Jesús de su oración saca también esa fuerza maravillosa que luego la gente detecta. Nos dice el pasaje de hoy que "de Él, de Cristo, salía una fuerza que los sanaba a todos" San Lucas 6,19.

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