He de aprender a sopesar cada uno de esos factores, he de aprender a percibir el paso del Espíritu; no sea que buscando cosas buenas, le quite la gloria a Jesús.
Nosotros somos una obra, una escultura, pero esa escultura la tiene que firmar Él.
Somos obra suya; por consiguiente, vamos a entregarnos radical y totalmente al poder del amor y del señorío de Jesucristo, y vamos a suplicarle que su voluntad, que es la del Padre Celestial, se realice en toda nuestra vida para alabanza de su amor.
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