martes, 24 de septiembre de 2013

Carísmática


 Una Iglesia carismática en sentido alto de dependencia radical del Espíritu Santo y de la gracia; una Iglesia carismática, radicalmente carismática; una Iglesia desposeída de sus propias tradiciones y teologías, no porque no las cultive sino porque no pone su corazón en ellas, una Iglesia así puede cumplir con el mandato de Jesucristo. Una Iglesia que tenga, sobre todo, la fuerza de apoyarse sólo en Dios.
Hay una creciente convicción en sacerdotes y obispos, convicción de que tenemos que salir, que tenemos que hacer misión, no tenemos que seguir esperando a que la gente llegue a nosotros; así como compruebo con alegría eso, veo con tristeza, que cuando se habla de la influencia de la Iglesia, de la presencia de la Iglesia, de la autoridad de la Iglesia, muy poco se habla de la dependencia que la Iglesia tiene de la gracia actual, de la gracia poderosa del Espíritu Santo; de eso se habla muy poco.
Una Iglesia radicalmente misionera, debe cumplir con lo que San Pablo dice en la Carta a los Filipenses: "Yo olvido lo que queda atrás y me lanzo a lo que está por delante" Carta a los Filipenses 3,13.
Cuando crearon Cardenal a Yves Congar, pues alguien podría haberse imaginado que ya con eso se le aplicaba un poquito el vigor profético y el tipo de discurso; al poco tiempo le hacen una entrevista y dice: "La Iglesia todavía tiene que convertirse al Evangelio". Yo creo que ese ha de ser el objetivo de nuestro discurso, de nuestra predicación, de nuestra intercesión.
Que cada vez más la Iglesia entera esté como estos discípulos: dispuestos a depender sólo de la Palabra del Señor, a contar sólo con la gracia del Señor. Una Iglesia que haga grandes obras, pero que no se apoye en sus obras, sino en las obras de Dios; una Iglesia que haga mucho bien, pero que no cuente con ese bien que hace, sino con el bien que le hace Dios, que vive en ella, que reina en ella.

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