Se trata de conservar la sana doctrina, se trata de ser respetables ante los que no creen, se trata de conservar la mesura, el equilibrio, esa es una recomendación : "Que sean hombres de palabra, no acostumbrados a beber mucho" 1 Timoteo 3,8.
Hay que conservar la medida, conservar la mesura, conservar el equilibrio y la sensatez, hay que apostar por lo inédito, por lo inesperado, por lo extraordinario.
Santo Tomás de Aquino,su vida,su obra, que es lo que más conocemos de él, es un monumento al equilibrio, a la sensatez; siempre se la compara con una catedral armónica, gigantesca, contrabalanceada.
La santidad tiene que tener firmeza, pero también audacia; la santidad no se improvisa, pero tampoco se construye. Es muy difícil para el corazón humano, realmente es imposible para el corazón humano, sin la ayuda del Espíritu Santo, encontrar como esa armonía entre estos dos aspectos.
Un inmenso equilibrio, una inmensa fidelidad, y al mismo tiempo, un arrojo incomparable, una audacia manifiesta. Pidamos a Santo Domingo que regale torrentes de ese Espíritu que lo invadió a él, que ruegue por nosotros y por toda la Iglesia, y abramos nuestro corazón.
Santo Tomás distingue las virtudes más propiamente humanas y las virtudes teologales.
Las teologales las conocemos: fe, esperanza y caridad. Las propiamente humanas son las cardinales: justicia, fortaleza, prudencia, templanza; esas son las humanas. La idea que nos da Santo Tomás es: en las virtudes humanas, buscar el equilibrio, en las virtudes teologales, tender al exceso, al infinito.
Hay que creer con toda la fuerza, creer como si ya el Señor estuviera a las puertas, creer con todo el vigor, con toda la potencia del alma.
¿Qué puedo yo esperar de Dios? Todo, mil universos como este y más; todo el cielo, toda la dicha, todo el perdón, todo se puede esperar de Dios, todo.
¿Y cuánto debo amar a Dios? El infinito de los infinitos, el máximo, mucho más de lo que pueda soñar; acelere, acelere al máximo; arda, quémese.
Con respecto a la justicia: necesitamos mesura. Con respecto a la prudencia, a la templanza y a la fortaleza: mesura.
Se ve muy bien en la templanza, Santo Domingo era templado para comer, dicen los escritos.
Tener templanza; es una sobriedad, una especie de autodominio. La templanza está en eso, en el equilibrio.
En las virtudes humanas hay que tender al equilibrio y en las virtudes teologales a la exageración.
Lo mismo sucede con respecto a la fortaleza y a las demás virtudes. Hay que tener equilibrio y pies en la tierra.
Hay que aprovechar las amistades sensatas. En el ejercicio de la esperanza podemos esperar mucho, porque si esa persona, que llegó sensatamente a la puerta del monasterio, cuando nos mira a la cara, ve resplandecer una esperanza infinita, lo humano y lo divino, y el efecto se logra.
La Iglesia entera necesita cultivar el equilibrio de la sensatez, necesita ser, como dice San Pablo, "con buena fama ante los de fuera"; necesita saber gobernarse con orden en su propia casa".
Milagros que Dios dé, no que nosotros nos inventemos; milagros que Dios dé, y Dios los da, milagros maravillosos, gente que resucite, señales, señales grandes.
Con esas señales y con ese equilibrio, con esas virtudes humanas y teologales, puede la Iglesia ser instrumento, sacramento de salvación para el mundo.
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