viernes, 20 de septiembre de 2013

Amós


Amós vivió hace más de dos mil quinientos años, y la clase de delitos o malas costumbres o trampas que él menciona, siguen sucediendo también en nuestra época.
Vendedores que disminuyen la medida, que aumentan el precio, que falsean las balanzas, gente que compra al débil por dinero, porque no puede resistirse, gente que compra al indigente por un par de sandalias, gente que vende lo que no sería pare vender, como el desecho del trigo. Todos estos son los frutos, son los resultados de un corazón codicioso, todas esas trampas, todos esos engaños.
La síntesis está en la última frase del evangelio, allí donde el Señor dice que "no se puede servir a Dios y al dinero" San Lucas 16,13.
La palabra “servir” San Lucas 16,13, en esa frase, es muy fuerte, es el servicio propio de los esclavos, de los que están completamente entregados al servicio de otro. "No puedes ser un esclavo de Dios y un esclavo del dinero", es una palabra que en el original, en el texto griego es, bastante fuerte.
Tratemos ahora, con la ayuda del Espíritu Santo, de comprender mejor el ejemplo que nos dio Jesucristo en el evangelio.
"Atención, que ustedes no han llegado hasta la sangre en su lucha por la causa del Evangelio" Carta a los Hebreos 12,4.
Necesitamos gente que se apasione por Jesucristo,  “Jesucristo es el Señor”, lo diga de tal manera que sienta: "A Él le tengo entregada mi vida, Él es el centro y la razón de mi existencia, vale la pena servirlo con toda el alma". Cuando empecemos a arder de esa manera, encontraremos también que se abren puertas.
El que está apasionado por una causa, encuentra cómo abrir puertas, ese es el mensaje; y si te apasionas verdaderamente por la causa de Jesús, encontrarás que las puertas no están tan cerradas y que siempre hay una manera de hablar del amor que vale la pena.
 No es simplemente utilisar con prudencia las cosas de esta tierra, es sentir ese fuego que nos quema para entregarnos en la causa del Evangelio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario