Elías se encuentra con una viuda, con una desamparada que tiene un hijo, tiene un huérfano.
La situación de sequía es pavorosa, el hambre amenaza en todo el país y esta pobre mujer ha llegado a su límite, lo único que le queda es un poquito de harina y la respuesta que ella le da al profeta Elías es dramática.
"Voy a prepara un panecillo para mi hijo y para mí, lo comeremos, y luego moriremos" 1 Reyes 17,12. En semejante situación extrema, Elías lanza una palabra que parece por lo menos inhumana: "No" 1 Reyes 17,13, dice el profeta, llevándola más allá de su propio límite.
No, dame primero alimento a mí, luego prepararás para ti y para tú hijo, porque así dice el Señor..." 1 Reyes 17,13-14, y le anuncia que el alimento no se va a acabar hasta que vuelva la lluvia sobre la tierra. Esta viuda, creyéndole a Elías, estaba apostando su última comida porque era todo lo que le quedaba para vivir.
Sí, esa es la misma frase que utiliza Jesucristo en el Evangelio para otra viuda, que también estaba en situación desesperada. En la pobreza en que podía verse una mujer desamparada, en un Imperio que de ninguna manera le iba a dar empleo a la mujer, esta viuda, esta otra viuda del Evangelio echa en la limosna del templo todo lo que tenía para vivir.
Gestos, que son al mismo tiempo de fe y de amor, como la viuda aquella que atendió a Elías o como la otra viuda del Evangelio que echó de limosna lo que tenía para vivir, nos dicen gestos supremos de generosidad y de amor; atan a Dios, sellan una alianza con Dios, arrancan del cielo milagros.
Cristo que fue siempre tan sobrio en sus palabras, Cristo que parecía no admirar a nadie, sólo recuerdo yo que haya manifestado admiración por la fe de aquél centurión y dijo no encontrar una fe tan grande en todo Israel, y por la generosidad de esta viuda, la cual Él puso como ejemplo para sus mismos discípulos.
El profeta Ageo: es verdad que el Libro de Esdras ha presentado el retorno a Jerusalén como un desfile victorioso después del destierro, un poco más modesta tiene que ser nuestra apreciación.
Cuando los israelitas volvieron a Jerusalén, lo que encontraron fue lo que habían dejado y menos. Lo que habían dejado era una ciudad devastada, incendiada, extrema y cruelmente arruinada por el capricho fanfarrón del rey impío; Nabucodonosor.
De manera que cuando vuelven estos israelitas a los "peladeros" de Jerusalén, lo que se encuentran es un desierto calcinado, y en esas situaciones de emergencia, cada uno mira en primer lugar por sus interese, como cuando el barco se hunde, cuando el barco se hunde cada uno mira a qué tablón me voy a agarrar para no ahogarme.
En esta situación extrema y desesperada, ya no de una viuda, ya no de una mujer sino de todo el pueblo, cada uno tira por su lado, cada uno corre tras de sus intereses.
"Todos buscan sus intereses y no los de Cristo Jesús" Carta a los Filpenses 2,21. Pero es la voz del profeta, como profeta había sido Elías, como profeta supremo es Jesucristo y como profeta es esta Ageo. Es la voz del profeta, y en definitiva la voz de Dios, la que reclama una nueva generosidad.
Así como a aquella viuda se le pide: “Mira, aunque pongas en peligro tu vida y lo que puede serte todavía más apreciable, la vida de tu hijo, aunque eso esté en juego, créele a la Palabra del Señor.”
Algo semejante mueve al corazón de la viuda del Evangelio y algo semejante
No hay comentarios:
Publicar un comentario