lunes, 2 de septiembre de 2013

Entreabierto

Entreabierto el Corazón para que nosotros entremos por la herida del costado y encontremos el banquete delicioso de su amor, la luz infinita de su verdad, la paz cumplida que sólo se halla allí donde Él está. : "¿Qué tiene su Palabra?" San Lucas 4,36.
La Palabra de Cristo tiene algo que no podemos descifrar pero que nos atrae incesantemente, nosotros hemos de estar en movimiento.
La vida es seguimiento de Cristo. La vida  entera se condensa en esa pregunta: "¿Qué tiene su Palabra?" San Lucas 4,36.
¿Qué tiene Él? "Es que ya no puedo vivir sin Él. Iré donde Él vaya, estaré donde Él se encuentre". Ésa es la vida.
Cada uno de nosotros encontrará su verdadera vocación en la medida en que responda a esta pregunta: "¿Qué tiene su Palabra?" San Lucas 4,36.
Finalmente, a las personas de aquel tiempo les llamaba la atención la autoridad de Jesús: "Da órdenes de autoridad y poder a los espíritus inmundos. ¡Y salen!" San Lucas 4,36.
Jesús es Aquel que tiene la capacidad de separar el pecado del pecador. Y esto es muy importante, tan importante que en realidad marca la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
La Ley del Antiguo Testamento, la Ley de Moisés, una gran cantidad de pecados, una gran cantidad de faltas recibían un castigo: bueno, el máximo castigo, la pena de muerte.
Dice el libro del Deuteronomio, que, "si alguien se aparta de Dios, si alguien maldice a Dios, tiene que ser apedreado" Deuteronomio 17,2-5. "Si una mujer comete adulterio, tiene que ser apedreada" Deuteronomio 22,22.
Incluso una amenaza para la comunidad, como la lepra, "si alguien está enfermo de lepra, exclúyasele de la comunidad" Números 5,2.
El Antiguo Testamento no podía separar al pecado del pecador, no podía separar al enfermo de la enfermedad. Por eso el Antiguo Testamento nos parece casi cruel, nos parece excesivamente duro, porque de lo que se trata es de castigar, juntos, al pecado y al pecador.

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