El misterio que encierra Cristo en sus palabras: "Dichosos los pobres" San Lucas 6,20, "¡ay de vosotros los ricos!" San Lucas 6,24; "dichosos los que lloráis" San Lucas 6,21, "ay de los que reís!" San Lucas 6,26, etc.
Comprendamos que la única manera sensata de vivir, es vivir crucificado; que la única manera sensata de ser feliz, es esa mezcla de llanto, pobreza, hambre y persecución.
Mientras llega ese día no podemos tampoco detenernos, quisiéramos que nuestro entendimiento y nuestro corazón no se quedaran en ayunas de lo que nos ofrece el Señor Jesucristo, de lo que nos predica el Apóstol San Pablo.
Con la bondad de Dios, consciente, por lo menos un poco de mis miserias.
Las bienaventuranzas son el camino de la santidad, ser santo, es llevar aquella vida en la que se pueden leer las bienaventuranzas; ser santo es vivir de tal manera, que cada día sea una página, y en esa página se pueda leer la gracia de Dios.
Llegados a la noche, ya se acerca la noche, la página que ha quedado escrita la encomendamos a Dios, y Dios sella, escribe, cada una de esas páginas.
Dios, ahí está; pero Dios construye una palabra nueva con letras antiguas, agrega letras, Él mismo las escribe, y con esas letras nuevas, finalmente la obra es de Él.
Nosotros le presentamos a Dios el fondo negro de nuestra vida, que eso corresponde a las letras que ya no dicen nada, y Dios recibe esa negrura, y no la cambia, ahí está, en el Cristo, ahí está esa oscuridad, ahí está ese negro.
Pero sobre esa negrura empieza a dibujar Él la cruz, empieza a dibujar al Crucificado, y el efecto queda tan bello, que cuando ya mira el cuadro al final: "¡Qué bien queda ese Cristo en esa noche, y qué bien le queda esa noche a ese Cristo!"
Cristo llega a nuestra vida de muchos intentos, pocas obras, a nuestra vida de muchos propósitos y pocas realizaciones; nuestra vida llena de promesas sin cumplir, llena de libros sin acabar. Podemos cambiar la manera de ver la Cruz, desde una inspiración que el Señor, en su piedad, nos quiere regalar.
El que tiene hambre, el que llora, el que es perseguido, inspiran compasión en nuestro corazón; pero el que tiene hambre porque echó a perder su propia comida, el que llora porque echó a perder su propia vida, y el que es perseguido, no por otro, sino por su propia conciencia, ése necesita más que nadie de la Cruz, eso es lo que el Señor ilumina..
Nosotros hemos tenido males, y esos males y esos pecados, son pecados y son males, no le cambia ni el negro al cuadro, ni lo feo a la palabra, ni lo rudo y triste a la vida, no, siguen siendo males, pero Dios toma esos mismos males y, a ellos, les obliga a convertirse en luz de nuestra vida.
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