viernes, 20 de septiembre de 2013

Dies Domini

El Papa Juan Pablo II regaló a la Iglesia un documento, uno más de su enseñanza, llamado "Dies Domini", es decir, "El día del Señor".
En este documento nos invitaba el Papa a encontrarle el sentido y el valor a este día, al día Domingo. De lo que se trata es de descubrir el día del Señor, descubrir al Señor de todos los días.
Tenemos la gracia y la alegría del amor de Dios, Dios es el Señor es el Señor de todos los días; pero hay un día, que en memoria de la resurrección y en la alegría de la creación, nos recuerda que Él es el Señor.
Percibir a Dios, recordar a Dios y celebrar a Dios como el Señor de toda nuestra vida; según nuestras circunstancias, hacemos un alto en los trabajos habituales, por eso suspendemos nuestro servicio, para que en el domingo el único Señor sea precisamente Dios, el Creador, Dios, el Redentor, Dios, el Santificador.
Qué bello encontrarnos en la iglesia liberados del ritmo del trabajo, liberados de la presión y sentarnos para alimentarnos del banquete de la Palabra, para gozarnos de la alegría del amor que ha tenido Dios con nosotros.
Esta Carta del Papa Juan Pablo, tiene una relación directa con aquél mandamiento de la Ley de Dios: santificar las fiestas.
A veces creemos que santificar las fiestas simplemente consiste en la obligación de ir a Misa, es algo mucho más profundo, es la conciencia que tenemos como cristianos, de que no nos hicimos a nosotros mismos, somos criaturas del Altísimo, hemos sido salvados por el Hijo de Dios, hemos recibido el Espíritu de santificación, es toda esa obra de amor la que nos mueve con gratitud, a ir a la Misa.
Lo importante es que el día entero esté impregnado, esté empapado de la alegría de que Dios vive entre nosotros, de que Dios nos ha salvado.
Esa enseñanza de Juan Pablo II, hace que percibamos lo que significa ser de Dios y recibir de Él nuestra salvación.
Cuando Dios le dio los diez mandamientos al pueblo de Israel, le estaba dando un código de libertad para que no fueramos esclavos de nada, que fueramos libres.
Las enseñanzas y los mandamientos de Dios son para nuestra libertad.

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