viernes, 20 de septiembre de 2013

Revolución

Necesitamos liberación, tal vez muchas liberaciones. Casi siempre, cuando se habla de liberación, se piensa en que necesitamos ser liberados del poder de nuestros enemigos, necesitamos experimentar cómo Cristo nos arranca del poder de nuestros enemigos.
En la Misa nosotros actualizamos, nos unimos, con la fe de toda la Iglesia, al momento en que Cristo ofreció su vida al Padre en el Calvario, en favor de todos nosotros.
Este sacrificio de Jesús en la Cruz trajo nuestra libertad, es ese sacrificio el mismo que se realiza en el altar,  es el mismo sacrificio, porque nuestra fe está por encima de lenguas, culturas, tiempos y espacios.
A través de nuestra fe, que es la fe de la Iglesia, nos unimos al momento bendito de la Cruz, por eso la Santa Misa tiene un poder inmenso de liberación, liberación del poder del enemigo, es decir, del demonio, pero también liberación del poder de los enemigos.
Lo mismo podemos decir, por ejemplo, de nuestro cuerpo, nuestro cuerpo es obra de Dios, es hermoso, refleja la nobleza de esa creatura grande entre las creaturas visibles, que es el ser humano; pero usándolo mal convertimos un cuerpo que Dios nos dio para bien, en un instrumento de pecado, tal vez, para otras personas o para nosotros mismos.
Cuando Cristo nos dice: “No podéis servir a Dios y al dinero” San Lucas 16,13.
“El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar” San Lucas 16,10, y luego explica: “Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?” San Lucas 16,12.
San Pablo nos dice en su Carta a los Colosenses: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, donde está Cristo” Carta a los Colosenses 3,1.
 Lo principal de la enseñanza de Cristo: "El que es de fiar en lo pequeño, también es de fiar en lo importante" San Lucas 16,10.
O sea que la liberación que necesitamos en esta materia, consiste en dos cosas: que no nos dejemos esclavizar del dinero, por una parte; y por otra, que descubramos lo importante.
Es todo un cambio de mentalidad, es una revolución cultural que tenemos que vivirla.
Los valores se construyen desde la fe, desde la lealtad, desde la amistad, desde la pureza de corazón, de alma y de palabra. 
Por encima de esos valores humanos, que ya son altos, de amor, de afectividad, de respeto, por encima de esos valores, el amor a Dios, la fe viva, la esperanza firme; la fe, la esperanza, el amor.
El mensaje de Cristo es una revolución cultural, tener la fuerza de Cristo Jesús en el corazón.
¡Qué venga el Espíritu de Dios con poder, que venga a obrar en los corazones y que venga a convencernos de dónde empieza el cambio! Cristo nos llama hoy a un cambio profundo, a una revolución personal y cultural, a un camino de verdadera transformación social

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