La Iglesia recuerda hoy el episodio crudelísimo que hemos escuchado en el Santo Evangelio, episodio que nos muestra, cuando todavía estamos en los ecos alegres de Navidad, nos muestra ya qué clase de vida va a llevar Jesucristo.
¿A qué niño le toca eso, no tener sitio donde nacer, y apenas nacido, huir, huir de la espada, huir de la muerte? Bien se ve y bien se entiende, de este evangelio, que la cruz no fue un accidente al final de la vida de nuestro Salvador, sino fue la señal misma de su vida; y precisamente, porque lo había acompañado toda la vida, lo pudo acompañar en la muerte.
Se muere como se vive. Cristo murió en una cruz gloriosa, porque la cruz había acompañado su vida. Se vive como se muere, hermanos, y se muere como se vive, si haz rechazado cruz en tu vida, no esperes de la muerte más que aniquilación.
No debemos olvidar nunca, que la cruz tiene característica de remedio, si Dios Padre quiso cruz para su Hijo fue como remedio, de otra manera tendríamos que los católicos adoramos a un Dios sádico, si a Dios le gustara el dolor, lo que tendríamos es a un Dios perverso y torturador, pero no es así.
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