Una frase muy hermosa y muy profunda que Cristo dice a sus discípulos en el evangelio de Juan: "Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo al mundo y voy al Padre" San Juan 13,33. Y San Pablo nos dice en la Primera Carta a los Corintios: "El mismo que bajó es el mismo que subió" Categoría:1 Corintios.
Cristo nuestro Señor nos dice : "Yo he vencido al mundo" San Juan 16,33, capítulo dieciséis de San Juan; y San Pablo en la Carta a los Efesios dice que "Cristo victorioso lleva en su cortejo triunfal a todo el mundo; se llevó la cautividad cautiva" Carta a los Efesios 4,8, dice San Pablo. La Constitución "Gaudium et Spes" del Concilio Vaticano II dice que todo lo genuinamente humano tiene que ser purificado en la Cruz de Cristo. Tenemos que pasar por la Cruz nuestras alabanzas.
Una persona está en intensa alabanza a Dios, se le muestra la Cruz. Eso fue lo que Cristo hizo con los discípulos. La gente maravillada, milagros, sanaciones, se expulsan los demonios, se curan las enfermedades. Cristo mostró la Cruz,La Biblia dice que los apóstoles: "No entendieron" San Lucas 9,45, "les estaba vedado, no entendían, y temían preguntar" San Lucas 9,45.
La alabanza verdadera, cuando aparece la Cruz, crece: "Gracias, Señor, nunca había visto una prueba tan clara de que me amaras tanto; gracias, Señor, ahora tengo más razones para bendecirte, ha aparecido tu Cruz, !gloria a Dios! Es lo más maravilloso que he visto; he visto un amor como nunca había visto; he visto al amor más grande.
La Cruz es un instrumento maravilloso para aprobar la alabanza. La alabanza que crece cuando aparece la Cruz, esa es la que le gusta a Dios. Esta es la madurez cristiana.
La Cruz, el amor más grande; la Cruz, el testamento del amor más grande; la Cruz, la señal del amor eterno, victorioso, invencible.
Hay que alabar la Cruz de Cristo; el motivo principal de alabanza que tiene todo cristiano es la muerte de Cristo en la Cruz.
Cuando San Pablo hacía oración y hacía alabanza, había una frase que él decía y que aparece en la carta a los Gálatas: "Señor, te bendigo; Señor, te alabo; Señor, te doy gracias; Señor, te glorifico. San Pablo lo dice en la Carta a los Gálatas: "Te alabo, Señor, porque me amaste y te entregaste por mí" Carta a los Gálatas 2,20.
Te alabo, Señor, te bendigo, porque me amaste y te entregaste por mí" Carta a los Gálatas 2,20. en la Cruz. ¿En dónde vemos a Cristo ofrecido a la muerte por nosotros? En la Cruz. ¿Dónde entregó Cristo todo? En la Cruz. El prodigio más grande y la maravilla más grande es la Cruz de Cristo.
El amor nunca fue tan grande como en la Cruz. Descubrir que el mismo amor de Cristo en la Cruz, también me visita a mí. Descubrir mi dolor como visita de Dios, amorosa visita de Dios. Eso no le quita la cara de dolor.
Esta es la santidad que quiere para nosotros Jesucristo, y para eso viene a nosotros el Espíritu Santo, para que aprendamos a alabar a Dios, luego para que descubramos la máxima alabanza en la Cruz de Cristo, y para que nuestra alabanza no se destruya sino que crezca cuando llegue nuestra propia cruz. Que esa gracia poderosa del Espíritu Santo, que habitó en María y que hizo su obra preciosa en María, obre también con poder en nosotros, para la gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario