domingo, 8 de septiembre de 2013

Dolor


Ay,Ay, Ay de vosotros" (véase San Mateo 23,13-16).
No se trata solamente de ira, se trata de dolor, le duele a Cristo; "ay de vosotros" (véase San Mateo 23,13-16), es el dolor por esos corazones impenitentes, es el dolor por los corazones enceguecidos, es el dolor por la persona que no quiere recibir la salvación.
Con esto Cristo, con estas palabras duras que flagelan el alma, no está simplemente regañando, no está desquitándose de lo que le han hecho, está intentando construir un último puente con esos corazones. Sobre la base de esta dureza, se oculta un cimiento de compasión, de misericordia.
 Este evangelio también nos ayuda a conocer otro de los rostros de la misericordia. La misericordia no es siempre como la quisiera nuestra fragilidad y nuestra carne consentida. A veces nosotros queremos misericordia y pedimos misericordia, pero lo que en realidad estamos pidiendo es que se nos consienta nuestro modo de ser, que se nos apruebe de alguna manera nuestro corazón doble.
Y por eso hay una misericordia que es dura, y que sigue siendo misericordia; es la dureza de ese movimiento con el que Cristo extiende el corazón.
Aquí pasa como con algunos masajistas que tiene que reacomodar articulaciones; hay ratos que se pueden tratar más o menos suave, pero llega un punto en el que toca dar un cierto tirón, para que se acomoden los huesos en su sitio; y ese tirón causa un "¡ay!", causa un grito; solo que Cristo es un masajista al que le duelen también los gritos que van a producirse en los corazones de estas personas.
Una pregunta que uno puede hacerse es si Cristo logró algo con este tipo de predicación. Como antes recordé de que fueron precisamente fariseos y letrados los protagonistas tal vez más visibles de la muerte del Señor, uno creería que no logró nada; esa visión es exagerada.
Él es el que tiene que decir cuáles son los remedios que uno necesita. Y cuanto más pronto uno se ponga en manos de ese Médico, más pronto también experimenta su sabiduría, su poder y su compasión.

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