“Como pueblo elegido de Dios, sea vuestro uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión” ( Carta a los Colosenses 3,12).
El Apóstol San Pablo, y Nuestro Santísimo Salvador Jesucristo; nos muestran el camino en lo que dice: San Pablo:“El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo” (véase Carta a los Colosenses 3,13).
Unió las dos cosas: lo que Dios ha hecho por mí, y lo que Dios quiere de mí.
Si tenemos conciencia de nuestros pecados, nos acercamos al confesionario con un espíritu realmente arrepentido y sincero; verdadera contrición, hace una buena confesión, escucha con atención lo que le dice el sacerdote, y uno saborea la misericordia de Dios, y uno degusta la piedad de Dios; y uno de pronto, hasta con lágrimas en los ojos, le dice a Dios: “¡Gracias, porque me has perdonado, yo no merecía que tu me perdonaras!”
“Señor, tú me tuviste mucha paciencia a mí, tú puedes tener mucha paciencia también a mi enemigo”. Una oración, está cumpliendo lo que dice el evangelio: “Orad por los que os injurian” ( San Lucas 6,28).
Esto fue lo que hicieron los santos; se saciaron de misericordia, bebieron a raudales la compasión de Dios, se extasiaron en las Llagas de Cristo, que son manantiales de su amor; y esas llagas, y ese amor les cambiaron el corazón; y por eso ellos pudieron realizar las cosas que nos cuentan las vidas de los santos.
COLOSENSES
Estoy escondido en Dios (3,3).
Soy la expresión de la vida de Cristo porque El es mi vida (3,4).
Soy escogido de Dios, santo y amado (3,12);(1Tesalonicenses 1,4)
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